viernes, 30 de noviembre de 2007

WOLOF. Escrito por: Remy Arpoem.

La rubia melena cubre su rostro, y la túnica de rey, que se ha ganado, ondula con el viento. Marcado torso le recibe, con sudor de batallas y el colmillo de un lobo que cuelga de su cuello. Una herida en el muslo susurra la leyenda de su historia.

Wolof nació como esclavo. Creció sirviendo a otros, menos a él mismo.
Un día gris, su amo fue asesinado, y él enviado a las celdas frías, esas que sirven de puente y estadía, mientras se vive la muerte. Ahí conoció a Bolev, un lobo huérfano que deambulaba por las noches, en busca de alimento.

Encontrase un día con el cachorro, rodeado éste por un hombre asesino, que lo golpeaba con palos, y piedras de barro. Lo enfrentó y venció sin miramientos, aún sin matarle. Y el cachorro fue, desde ese momento, su más grande compañero.

Triste fue el día en que tuvieron que separarse, por el tamaño que el lobezno había alcanzado.

Pasó más de un año. Wolof esperaba el día en que su cuerpo cansado se rindiera al fenecimiento: Látigo tras látigo, los guardias lo obligaban a realizar tareas imposibles. Sin alimento que le diera fuerzas para realizarlas, fue elegido de entre todos para entretener a la prole. Se enfrentaría a Morev, un demonio de los bosques capturado hace poco.

Dos días faltaban para el encuentro, y Wolof se veía cada vez más cansado.
Cuando por fin se cumplió el plazo, la gente del pueblo se reunió en la gran plaza para presenciar el espectáculo. -¡EL demonio matará al hombre!- aseguraban algunos, y los demás reían, como si aquello fuera una delicia.

Ya en la arena de la plaza, Wolof, de frente a Morev, era minúsculo. La batalla empezó luego de que un hombre soltara al demonio. Éste se abalanzó sobre Wolof y, zarpazo en mano, le arrancó un trozo de muslo y dejó su rostro desfigurado. La gente empezó a silbar de rabio, no por lástima, sino porque el hombre no habíase siquiera defendido.
Entonces el silenció se apoderó de la plaza. Otra bestia caminaba en la arena. Sus ojos, llenos de rabia, eran el reflejo de sus colmillos, asombrados por sobre el hocico. Era Bolev. El joven lobezno estaba dispuesto a devolver la ayuda recibida. La pelea fue mortal. El lobo cayó desfalleciente, al lado de >Wolof. Esperó la caricia de éste, para morir satisfecho. Con el rostro irreconocible, y sin una parte del muslo, Wolof caminó seguro hacia el monstruo, y puedo asegurar que éste tembló al verle. Así, sin arma alguna más que la convicción de vencer a toda costa, Wolof enfrentó al demonio hasta hacerle añicos. Se puso de pie, ante los aplausos de la multitud. Se había convertido en el rey de esas tierras, sólo por su hazaña. Levantó de la sangre que corría por el suelo, el colmillo de su amigo, y lo elevó al cielo en señal de agradecimiento.

Los demonios le respetan, y las sombras se abren a su paso. La tierra tiembla ante las pisadas del rey. De Wolof, el rey lobo.

Remy Arpoem

UNA IMAGEN. Escrito por: Alfredo Cardamomo.

Una imagen…

Algo así como una calle. A oscuras. Sólo una farola.

Suelo viejo, gris. Agua entre las piedras, piedras en los zapatos. Tres, cuatro, seis

zapatos.

También líneas rectas. Casas, ventanas, todas rectas. Y una barandilla. Esta curva y

brillante. Curva como dos ruedas, como gotas.

Sí, también gotas. En barandilla, en sombreros, en hombros, y en zapatos. Zapatos con

piedras, claro.

Y al final todo blanco.





El olor…

A tierra húmeda, caucho, caucho y tierra.

Olor a frío, a tiempo, a historia, batalla y sangre.

Profundo olor a viejo. Libros, polvo, chocolate, tabaco. Todo viejo.

Ahora huele…ahora no huele.




Y el tacto…

Frío en la cara, en las manos. Sobretodo en las manos.

En seguida la pared. Fría también, húmeda y arenosa. Arenosas también ahora las

manos.

Después piedra, agua, acero y sangre.

Después cuerpo y piedra

Después nada.





El sonido…

Primero bajito.

El chirrido de pedales con los pies, silbidos de viento entre las ruedas.

Golpe de las gotas en el suelo, en la piedras, en los hombros, en las ruedas y zapatos.

Después alto.

Un grito por la izquierda, el freno y después metal contra piedra. Y hueso contra piedra.

Y luego nada, silencio.



…miedo, vida, alegría, Sara, descanso...

CUENTO ECOLÓGICO. Escrito por: Bardazoso.

Era una soleada mañana de abril. Desde la "Cuesta de la Pasana", se

divisaba el amarillo de los "jamargos" de los olivares y los campos de

grano, a los pies de Torafe. Pedro, que empezaba a escribir poesía, había

quedado con Pablo, un poeta ya consagrado, en su huerto para

hablar de poesía.

Se saludaron y, apenas habían llegado al primer caballón, cuando Pablo se

detuvo ante una hierba de casi medio metro de altura.

- ¿Conoces ese yerbajo? -preguntó Pedro.

- Es un bledo- respondió Pablo.

- Para mí, no deja de ser una mala yerba, como cualquier otra.

- Ven, acércate y observa. Mira su inflorescencia -indicó Pablo, señalándola:

terminal, densa, recia. Si uno la mira más de cerca -y diciendo

esto, se hincó de rodilllas, mientras empezó a escudriñarla con las manos-:

se aprecia que está formada por cientgos de diminutas florecillas

verdosas, por encima de estas hojas ovaladas, de una largo pecíolo.

- ¿ Qué es el pecíolo?

- Este cabito que une la lámina de la hoja al tallo -respondió Pablo,

recorriéndolo con la mano.

E incorporándose, se dirgió hacia otra planta, casi el doble de alta, situada a

unos dos pasos escasos, de donde se encontraban y,

señalándola con el dedo índice de la mano derecha, dijo:

- Esta es una romanza. ¿Te parecen las dos iguales?

- No.

- Basta con echar un vistazo a su aspecto para apreciar algunas diferencias.

Su larga inflorescencia, erecta es muy diferente de la del bledo.

También sus hojas alargadas y lanceoladas, de márgenes crespos son

diferentes.

- ¿Qué quiere decir "crespo"?

- Retorcido.

- Ignoraba que fueras un entendido en plantas.

- No soy ningún experto. Estoy muy lejos de eso. Me ejercito en la

observación de las características de los seres vivos, no sólo porque me

gusta sino porque, además, es útil para escribir poesía, al menos, tal como

yo la entiendo. Trato de prestar la máxima atención al mundo que

me rodea para hacer descripciones exactas.

Mientras tanto, no paraba de oírse el persistente, rápido y repetido "¡tic-

tic....!" del petirrojo.

- ¿Oyes el trino del chichipán?.

- ¿Qué pajarillo es ese?.

- El petirrojo, el que tiene en el pecho una gran mancha de un vivo color

naranja. Tienes que conocerlo; es muy abundante por aquí.

- Si, alguna vez lo he visto, recogiendo aceituna. ¿Dónde está?

- No, lo veo. Pero el canto viene de la higuera.

Y Pedro miró hacia el árbol.

- Mira esta corregüela -dijo Pablo, señalándola la hierba rastrera con la

punta del pie derecho-. ¿La reconoces?.

- Esta es conocida por todo el mundo.

- Todo el mundo relacionado con el mundo rural la conoce por sus grandes

flores atrompetadas. Ésta tiene las flores rosas, pero hay otros

individuos que las tienen blancas. Todas estas plantas, como ves, se crían

en los huertos. Por eso los botánicos las llaman arvenses. Las

plantas no se crían en cualquier sitio. Tienen sus hábitats. Si queremos

buscar "Epipactis" tenemos que ir a un quejigar con arces de la sierra

de las Cuatro Villas.

- ¿Y qué es un epi...qué?.

- Un Epipactis es una orquídea salvaje que se encuentra en nuestras sierras.

- No la conozco.

- No es fácil de ver.

- Una orquídea es una planta más bonita que éstas.

- Para mí, todo ser vivo es objeto poético. La poesía es un arte, en el arte

interviene el goce estético y la estética no es cuestión de gustos sino

de belleza. Basta comprender que cualquier planta -por ejemplo esta

verdulaga -dijo, señalando con el dedo una planta rastrera de tallo rojizo y

carnoso y hojas verdes también carnosoas, que se extendía por el cibanto

del cantón- lo mismo que el chichipán, posado sobre la rama de

higuera, o esta mariquita que pasa volando en este instante, está viva para

ver su belleza.

- Nunca lo había visto de ese modo.

- Además, al ver que cada ser vivo está en hábitat que debe de estar, se

comprende que toda la naturaleza guarda un orden natural.

- Sí, debe de ser por eso que para los antiguos nipones todo lo natural era

sagrado, según he leído, en alguna parte.

- A propósito, ¿sabías que los antiguos chinos tomaron el orden natural

como modelo para construir un orden humano?.

- No, no lo sabía.

- Pues sí, organizaban su vida segùn el principio del "Yin" y el "Yang".

- Conozco esos conceptos. Yin significa umbría y Yang, solana.

- Así es. Pero también significan femenino y masculino, respectivamente. Y

en ello se fundamentaba la división por sexos de la vida

campesina. Las estaciones cálidas, secas y soleadas -primavera y verano-

son yang y correspondían al períod de mayor actividad para los

hombres, que trabajaban los campos y viviían en ellos, en viviendas

provisionales. Una vez recogida y almacenada la cosecha, regresaban a

sus aldeas, para pasar en casa las estaciones frías, húmedas y oscuras -

otoño e invierno, ya que durante ese período la tierra, sacralizada, no

podía ser profranada por la azada. Y este período de reposo para el hombre

coincidía con la máxima actividad para la mujer, dedicada a hilar

y tejer, para confeccionar las ropas del año siguiente. Así la actividad de

hombres y mueres no sólo se producía en épicas diferentes sino

también en lugares diferentes.

Mientras escuchaba, Pedro tenía la vista fija en una "limonera" posada sobre

la inflorescencia violácea del cardo borriquero.

- Igualmene -prosiguó explicando Pablo-, hombres y mujeres se reunían dos

veces al año: una en primavera para los emparejamientos y otra

en otoño, tras la cosecha, para las bodas.

- ¿Y por qué?.

- En primavera, mediante un rito se desacralizaga la tierra para poder

labrarla y era cuando los jóvenes se reunían en la montaña: ellos, en la

solana, en la orilla norte del río y ellas en la umbría, en la orilla sur. E

intercambiaban cantos de amor para formar parejas. Se consideraba que

llamaban ellos y respondían ellas. La unión sexual tenía lugar en el bosque.

Luego, se separaban para las labores agrícolas del verano y, tras la

cosecha, se volvían a ver, en grandes banquetes que celebraban la cosecha

y las nupcias. Entonces, eran ellas las que llamaban y ellos los

que respondían.

- Bonita historia. Tras este encuentro, ahora contemplo el mundo y concibo

la poesía de otra manera. Y ambos me resultan más placenteros.

VOLAR CON LIBERTAD. Escrito por: Remy Arpoem.

Las gotas de sudor escurrían pesarosas por mi cuerpo cansado. El cabello, largo y descuidado, ocultaba mi rostro. Mis piernas no soportarían un paso más. Caí sin fuerzas. Se acercaba el momento de ser arrojado al oscuro vacío de la fosa. La nada misma.
Ya caminaban hacia mí los guardias con carcajadas burlonas escondidas en el rostro, y ponían más cadenas sobre mi cuerpo, para llevarme arrastrando a la fosa. Entonces la ví. Subiendo la pared resbalaba, pero seguía subiendo. Una oruga. Se aferraba con sus diminutas patas a la pared mojada, y parecía que al hacerlo, ésta era más resbalosa. A punto de caer, aguantaba. Tal vez no habría en este mundo algo que la frenara de alcanzar el tope de aquel muro y mirar la luz que se extendía más allá de la mina.
Pasó por mi mente el correr tras ella, hacia la libertad, aunque me llevara a la muerte. Pero entonces las risas burlonas de los guardias me devolvieron a la realidad. ¿De qué valdría que yo, siendo un esclavo, siguiera un sueño inalcanzable; qué haría con un poco de libertad? Ésta estaba reservada a unos cuantos privilegiados. Una roca golpeó mi cabeza, y caí de nuevo. Las risas de los guardias se apagaron poco a poco. A mi alrededor todo giraba.
Cuando recuperé la conciencia me hallaba entre cuerpos inertes. No fue sino por el olor pútrido de sus carnes en descomposición que me supe vivo. Parpadeé un poco antes de abrir los ojos por completo. Descubrí que enormes paredes encerraban el lugar. No había escape. Traté de levantarme, pero mi cuerpo no se movía. Aspiraba a morir como mi mente, y todo yo. Miré al cielo y no pude contener las lágrimas que brotaban de mi corazón, de los recuerdos de mis padres, y de los días en que el mundo sonreía. Estaba resignado a mi destino. Esperando ya mi muerte, cerré los ojos y suspiré. Miles de imágenes desfilaron ante mí. Todo se tornó oscuro. Tan sólo se distinguía un punto lejano. Conforme se acercaba me dí cuenta, era la oruga.
-“Luchemos juntos”- parecía decirme, indefensa. –“Brillemos bajo el Sol, como faros en la oscuridad. Extendamos las alas y volemos por nuevos horizontes, donde las aves cantan y el viento te saluda a cada paso”
Abrí los ojos de nuevo. Tal vez me estaba volviendo loco, pero qué importaba. No sería yo un cuerpo más, pudriéndose en el tiempo. Saqué fuerzas de lo más profundo de mi alma, y escalé la montaña humana de carnes deshechas. Me así de una roca. Mientras subía, mis carnes enjutas rozaban la piedra rasposa. Llegué a la cima y miré los prados verdes, los animales jugueteando. No había guardias. Una pequeña sombra se proyectó en el cálido suelo. Miré hacia arriba y hallé una mariposa. Imaginé sería la oruga que había visto en las minas, ahora convertida en un hermoso ser. Eché un vistazo al horizonte y suspiré con emoción. Por fin éramos libres.

Cumpleaños.Escrito por: Sancho.

Era mi cumpleaños. Cumplía ocho. La casa estaba infestada de niños corriendo y gritando por todos lados. Ningún amigo. Solo hijos de personas que conocían a mis padres. Los mayores se encontraban conversando en la cocina. Y en el patio se improvisaban juegos de los que me sentía excluido. Primero jugamos al fútbol, creo que toqué la pelota dos o tres veces antes de terminar el partido. Después al viejito. Estuve como media hora corriendo a todo el mundo sin poder atrapar a nadie. Creo que se aburrieron bastante. Los que dirigían la batuta comenzaron a idear otro juego ¿Quiénes eran esos chicos? Me cansé de estar entre ellos, caminé por el pasillo que une el patio con el frente de la casa. Salí afuera y me senté en la verja rogando que no apareciera nadie que me obligara a volver. Era extraño, quería estar solo. Deseaba que todos esos niños volvieran a sus casas para poder entrar a la mía. Deseaba poder dejar de sonreír falsamente. Deseaba soltar a mi perro. Pobre. Estaba atado arriba del techo por culpa de aquellos invasores. Y deseaba profundamente sacar esa infernal música de fiesta que estaba sonando sin parar desde hacía dos horas.
Aquí adelante no había nadie. La calle estaba completamente desierta. La música y los gritos se oían lejanos. Y los ladridos de mi perro resonaban fuertemente desde lo alto del techo. Pronto terminaría todo. Podría encerrarme en mi habitación y estar solo con mi perrito recostado a los pies de la cama.
Los gritos de los chicos comenzaron a oírse mas cercanos. De repente salieron todos corriendo a través de la puerta del pasillo. Que desastre. No podía escapar de aquella situación de ningún modo. Comenzaron a gritar ¡juguemos a las escondidas! No entendía por qué tenían que comunicarse gritando. Querían que yo la contara y me negué rotundamente. Alguien más lo hizo. Le tocó contar hasta noventa. Mientras lo hacía, corrimos a lo largo de toda la cuadra buscando un escondite. Yo quería esconderme en el lugar más recóndito para poder estar la mayor cantidad de tiempo posible lejos de ellos. Observaba a los demás avanzar y ocultarse hasta casi llegando a la esquina. Pero yo seguí de largo buscando un lugar que estuviese más allá. Doblé la esquina. Creo que fui el único. Y corrí despavorido como si un peligro inminente asechara mi vida. Atravesé esa cuadra y volví a doblar la esquina. Llegué hasta el punto exacto a la vuelta de mi casa. No sabía bien lo que hacía, pero quería estar solo. Empecé a buscar un lugar para esconderme. Debía hacerlo rápido antes de que alguien me descubriera. Podía ser detrás de una verja, o debajo de un auto. Decidí treparme a un árbol, uno muy alto y frondoso. Trepé hasta donde pude. Hasta donde las ramas ya son muy débiles como para sostenerme. Y allí me quedé. Inmóvil y silencioso. Camuflado en la profunda oscuridad y en la absoluta lejanía.
Me sentía bien, no se como explicarlo. Me excitaba el hecho de pensar que nunca me encontrarían. No tenía noción del tiempo, pero no volvería hasta no estar seguro de que ya todos se hubiesen ido. Desde allí podía escuchar los ladridos de mi perro, que atravesaban los techos quejándose de su encierro. Supuse que al dejar de escucharlos significaría que ya se habrían ido. Recién entonces volvería.
La noche empezó a caer, y a lo lejos se oían un montón de voces gritando mi nombre. No pasó poco tiempo hasta que descubrieron mi ausencia. Voces de niños y adultos que se acercaban. No sé porque, pero lejos de preocuparme, me agradó. Ahora que era de noche no cabía la posibilidad de que me encontraran. Se acercaron cada vez más hasta estar justo debajo mío. Creo que incluso ví pasar a mi madre entre aquellas personas. En ese momento fue cuando empecé a preocuparme un poco. Pero no podía bajar en medio de aquella situación. Decidí esperar más tiempo para volver a mi casa. Mientras tanto pensaría en algo que pudiera inventar para safar de un potencial castigo.
Transcurrió algún tiempo. Todavía se oían las voces, y cada tanto se veía gente pasar por debajo del árbol. Incluso alguno miró hacia arriba, pero la oscuridad no permitió que pudieran percibirme.
De pronto pude divisar las luces de las sirenas de la policía. Entonces me asusté muchísimo. Fue en ese instante donde realmente me arrepentí de lo que había hecho. Pensar que de otra forma aún estaría en mi casa, y seguramente a esa hora ya no quedaría nadie. En ves de eso, estaba en la punta de un árbol con toda la gente de la fiesta esperando mi regreso. Seguramente, la gran mayoría odiándome. Y encima la policía. Las linternas comenzaron a desandar todos los espacios oscuros de la zona. Incluyendo las copas de los árboles. Era solo cuestión de tiempo para que me descubrieran. Había un techo cerca de donde yo me encontraba. Pensé entonces que quizá si alcanzaba aquel lugar, podría llegar hasta mi casa por los techos y ahorrarme la terrible situación que se estaba gestando. Intenté avanzar por las ramas hacia mi objetivo. Pero el movimiento alertó a un policía que se hallaba cerca. El resplandor de la linterna comenzó acercarse hacia el árbol. Y el has de luz atravesó las ramas hasta descubrirme. Quede enceguecido por aquel brillo. Y alguien dijo: ¡acá está! ¡Señora acá esta!

miércoles, 28 de noviembre de 2007

EL FANTASMA. Escrito por: Juan del Paramo.

Quienquiera que tú seas, teme, en esa honda sima,
El roce de los vagos pasajeros del sueño...
¡Oh! ¡Los soplos! ¡Temed los soplos de la noche!
¿Adónde os arrebatan? Los cautivos de un sueño
se hacen sueño ellos mismos y caen, fatalmente,
en el enjambre negro de los rostros etéreos.
Víctor Hugo.

El cigarrillo dibuja la muerte y él también la dibuja, convirtiendo a aquella pasión en la solitaria soledad de su aposento.

Todo se muere: la rosa, el amor, los humores, tu rostro, la vida, el olvido, la muerte; también esta palabra se muere, su lectura, su ruido; solo queda un recurso: convertir a la muerte en pasión. Entre deseos y paredes, la silla crepita y ese es el único sonido que interrumpe el silencio; Un hombre imagina fantasmas viviendo dentro del closet y sonríe sin darse cuenta ante el último vestigio de los miedos de la niñez.

Él dibuja ventanas en todas partes, en los muros más altos y en los muros más bajos, en la paredes deformes, en los rincones, en el cielo y hasta en el piso y los techos; dibuja ventanas como si dibujara pájaros o montañas, en el día, en la noche, en las miradas y en los ojos de los fantasmas; habla de diversos ojos: ojos mortecinos e hinchados de noctámbulos, ojos falsos y ojerosos, ojos entornados casi expirantes entre los párpados enrojecidos por el llanto, ojos lagañosos por la enfermedad... todos los ojos de los fantasmas he visto en torno mío –comentó alguna vez- y para él los fantasmas eran solo ojos separados de todo, que se movían aquí y allá, dentro y fuera del closet para mirarlo. Pero él seguía incesante en su tarea, dibujando ventanas en los alrededores de la muerte, en las tumbas y los árboles; dibujaba ventanas en las puertas, pero nunca dibujó
una puerta; no quería entrar ni salir de su aposento, sabía que no se podía, solamente quería ver: ver, porque también era un fantasma y dibujaba ventanas en todas partes.

Cierta noche se acercó a la ventana que dibujó en la pared de su morada, daba a la calle; aquella ventana le mostraba luces tenues que rompían la oscuridad, pero que no eran suficientes para advertir si los peatones siguen deambulando o si está sola también su mirada, palpablemente sorda allá afuera: ¿por qué le pesará tanto la vida a veces, si es un fantasma?

Se acerca más a la ventana, la abre y un par de gotas logran alcanzarlo -es sabido que la noche cálida augura lluvia-. Ahora los árboles, los autos, las casas y la calle adquieren el brillo del agua, parece que todo estuviera plastificado o cristalizado; la quietud del paisaje es una certeza; solo algunas hojas se atreven a moverse y el agua, claro.

Bajo la luz que chorrea una columna de alumbrado, una mujer llama su atención, llama su mirada, su mirada de fantasma. El cuerpo preparado para un salto, los brazos extendidos como si un cisne estuviera a punto de emprender el vuelo, las palmas hacia arriba como si no quisiera que se le escapase la lluvia. Lleva un vestido suave o eso adivina por el modo en que se le adhiere al cuerpo; no ve la expresión de la cara pero habrá una sonrisa húmeda y unos ojos llenos de ensueño. Y él que no puede apartar su ciega y fría mirada de lo único vivo de la calle. Esa imagen, esa mujer, forma una simbiosis con el agua y con él mismo, que se pone bajo su piel sintiendo cada gota golpear y erizar su suavidad mientras resbala por el cuello y es absorbida y empapada en el escote. La recorre, porque él también es lluvia en la noche, él también la toca con la mirada y empapa su vestido.

La razón fantasma le grita que está loco, fantasma (fantasma loco), pero qué importa la cordura fantasmal si por primera vez la pasión puede adueñarse por un instante de la belleza, de la dibujada re-creación.

Y ahí, en medio del silencio de su aposento, los fantasmas salen con libertad del closet mientras un hombre-fantasma mira cómo se desdobla y danza en el cuerpo de una mujer, bajo una noche mojada.

Un grito desgarra la noche y se silencia con la frenada violenta de un camión encendido hasta el techo con luces de una ciudad entera de neones, el aposento está mojado, el cuerpo aún está tibio, sus ojos recién comienzan a cerrarse; un manto negro se adueña de la última mirada desdibujada, los vestigios fantasmales empiezan a renacer nuevamente en el closet.....

EL DUENDE DEL TIEMPO. Escrito por: Clarice Duras.

Todo estaba tétrico, en tinieblas, truenos relampagueaban sin cesar; nos castigaban, como si un jinete en el cielo cabalgará y arriara a su caballo sin piedad; pero de pronto, el cielo se despejo emitiendo un dulce canto que resonaba a calma y los astros del reino celestial resplandecieron tanto que mis ojos se entristecieron de felicidad, era una noche que pasaba del terror a la dulzura, y me encontraba en ella gozando de aquel magnifico instante; pero lo hermoso es tentado y mis ojos giraron hacia otro punto de encanto: ¡el bosque!. Desde ese día mi juventud iría desvaneciéndose; era tan eminente aquel lugar, que todas la noches lo observaba y mis días pasaban solo junto a él; pareciese una Julieta contemplando a su Romeo desde una torre encarceladora del amor; la distancia me mitigaba pero me contenía a sumergirme en aquellas profundidades, aquel misterio me acechaba, quería correr hacia ese lugar, pero mi intuición me lo negaba. Después de tantos días de abstenerme, decidí sumergirme en el espesor del bosque; caminando por aquel sendero sentía un frió que congelaba y entumecía mi piel; alternaba pasos lentos y rápidos porque por momentos sentía que algo raro estaba ahí, que me observaba y que quería llevarme a algún lugar, sentía un brisa suave y a la vez su aire ¡pesaba tanto!; marcaba un camino y sin pensarlo seguía, seguía como un loco persigue su fantasía. Continuaba caminando con la brisa que me entundo, pero se disipó y de repente, mis pasos se detuvieron frente a un puente, estaba paralizada, era espeluznante este lugar, el miedo se apodero de mi y la sangre no fluía en mi cuerpo, parecía que llegaba mi fin -verdes hojas que crepitan, entre lo extraño arden, lento matrimonio del viento y el fuego, la vida y la muerte; son huellas equivocas que se transfiguran en cuchillos de sombra para matar las ansias de inmortalidad-; el puente se mecía impulsado por un aura furiosa, y su sonido era poseído por un terror turbulento, que irrumpía en una danza desatada en torno al vacío, el viento aullaba en la quebrada, arrullando las piedras, desborda y lava, se precipita y barre, el insaciable viento que no deja rincón sin penetrar, alcanzando una profundidad misteriosa, que atraviesa el largo y sinuoso entablado del puente, esto hacia que mi piel se erizase y temblara desde la punta de mis pies hasta la punta de mis cabellos, parecía que un imán se apoderaba de mí cuerpo y sin quererlo ya caminaba sobre este, no entendía porque estaba ahí y en mis adentros pedía a gritos que alguien me ayude, que me libre de este encanto mortal, pero como pedía ayuda, si siempre estaba sola, me busque este destino y ya no tenia vuelta atrás, miraba las sombras y las cenizas de los días que fueron flotando en el pasado como en el fondo del camino el polvo de mis peregrinaciones ; espeluznante era no tener posesión de mis sentidos y mi cuerpo, la angustia me mataba y me preguntaba ¿a dónde iba? ¡temblaba! ; finalmente mis pies cesaron de caminar y estaba ya al otro lado, era perfecto, pero misterioso y ahí estaba algo sublime; era un ángel esplendoroso, sus alas eran inmensas, su rostro era como el de una ave tierna y frágil, sus ojos reflejaban luz y su mirada era como la de un gato, manipuladora de sus victimas; este me llamaba y yo sin miedo me acerque a él, aunque pensaba que era algo extraño, ¿un ángel en aquel lugar tan sombrío?, tenia de nuevo temor, de repente este ángel me envolvió en sus alas y me estrecho en ellas desesperadamente, sentía que sus garras apretaban mi cuerpo y que el aire se estaba acabando, yo impulse mi mano compulsivamente hacia este y se alejo un poco de mi y sonrió, no sabia si era un gesto de ternura o de maldad; estaba confundida entre si era lo bueno o lo malo, la belleza o la fealdad, la tristeza o la alegría, lo temporal o intemporal; pero mis confusiones no importaban dejaba que este hiciese conmigo lo que fuera, esa mirada me hechizaba y yo me sentía tan protegida, que el mundo era solo él, este me mecía en sus alas y toda la noche permanecía junto a mi y al despuntar el alba desaparecía; pareciese que el día era muerte; como si fuera un vampiro ¡ amaba la noche, solamente la noche y el día era la perdición !; A la mañana yo me encontraba sola con muchas dudas alrededor de mi cabeza dispuesta a volver una y otra vez con ese maravilloso ser que me daba vida, vida en el delirio, pero a la vez me sentía enferma y débil, parecía que los años que tenia se duplicaran, me sentía vieja, acabada; y solo había pasado noches, noches de verano que me habían consumido ¡esto era extraño!; pero como una enamorada, estaba ciega, totalmente ciega.

Una noche mis ojos empezaron a abrirse y no quise bajar a ese lugar, la lluvia era insaciable y sentía miedo, como un presentimiento, estaba algo en mi corazón que me decía que no; que no debía bajar; pero fui tan necia, que mis ojos se adormecieron otra vez y el delirio por este era fatal. Corrí como si mi vida se fuera acabar, como si fuera la ultima vez que lo iba a ver y otra vez me tenia entre sus brazos, pero ya no sentía la misma ternura, sentía maldad y quise huir, pero el tiempo se me había acabado, ya estaba viejo conmigo y agonizante entre sus brazos, pude ver aquel ángel que no era blanco sino negro, era aterrador; sus alas eran enormes, puntiagudas y quebrantadas, su rostro era infernal, tenia dos cuernos acechadores y su sonrisa ya no era falaz, sino mortal, se acerco a mi, tenia mucho miedo y mil lagrimas salieron de mi rostro, estaba espantada, por fin mis ojos pudieron ver lo que el amor había tapado con tanta magia y belleza, la realidad era distinta, no podía ya hacer nada, los ojos que se abren como el alba y que cerrándose dejan caer la noche me desnudan eternamente en la gran soledad, en la que siempre intente descubrirme, en la que sentí acudir momentáneamente la dicha desde todos los puntos de mi cuerpo, mi alma, que en el tiempo celeste sobre el enigma de su rostro cándido en circulo se cerraba, y desde allí crecía cubierta de sortilegios nocturnos, no soy, no soy, derivo, pesada, porque no me fijas ya en el agua de negros sueños en que se ha tornado bruscamente mi mundo, nuestro mundo, seguido por vanos consuelos solapados en los estigmas funestos de tus abrazos, hacia la nada transcurro, contemplo tu figura de gracia, mientras encuentro en mi deseo un lugar recóndito en el que entramos y al que ninguno de los dos volverá a saber nunca como regresar. Esta vez no podía detener su abrazo y lentamente el aire se estaba escapando de mi y moría......

martes, 27 de noviembre de 2007

LA NOCHE CEGADORA. Escrito por: Bishop.

Ese maldita luz de neón siempre se estropeaba en cuanto caían cuatro gotas. Era algo que tenía comprobado des de que empecé a trabajar en ese hotel. Incluso había dejado la escalera cerca de la puerta para evitarme engorrosos viajes al trastero cada vez que a la dichosa luz le daba por fallar.
Salí corriendo con la escalera bajo el brazo e intentando no resbalar con los charcos de barro que se iban formando a medida que caía más lluvia. Por suerte, con los años ya me había aprendido de memoria cuales eran las zonas más propensas a formal barrizales y casi ni tenía que mirar al suelo para saber dónde podía poner el pie sin peligro de acabar rebozado en el lodo. Desplegué la escalera y subí hasta llegar a la “O” de “HOTEL”. Esa “O” Me había costado muchos viajes y siempre lo solucionaba de la misma forma: dos golpes arriba y uno al lateral. “Mal contacto” decía el encargado de mantenimiento, “buena chapuza” pensaba yo.
Aún no había bajado de la escalera cuando vi como un coche negro estacionaba en el escaso espacio que tenía el parking. Salió un hombre cargado con un maletín, parecía como si no tuviera rostro debido a la escasa luz que vertía la luna. Se metió en la recepción del hotel y al cabo de pocos segundos escuché el ding que inequívocamente reclamaba mi presencia. Nunca me había gustado esa campana, sonaba a vieja. Como tantas otras cosas en el hotel. Pero esa noche, sonaba mucho peor.
Cuando entré en el hotel, la ropa aún me goteaba empapada de lluvia y de frío y mis zapatos chirriaban sobre el suelo de madera. El hombre del maletín estaba en frente de la mesa de recepción, mirando minuciosamente la pequeña estantería dónde se guardaban todas las llaves de las habitaciones.
- ¿Puedo ayudarle?- Mi tono de voz pretendía ser firme aunque estuve muy lejos de conseguirlo.
- ¿Es usted el propietario?
- Bueno, en realidad soy el encargado. El propietario no está aquí. ¿Porqué lo pregunta?- No pareció importarle lo más mínimo mi cuestión.
- ¿Solo tiene un inquilino?
- Si el señor Sylo. Un pobre viejo sordo que siempre se pasea en su bata de cuadros.
-Bien. -Puso su maletín encima de la mesa- Quiero proponerle un trato.
Alzó la cabeza dejando que la tenue luz explorara su rostro. Tenía la piel de un color rosado, llena de capilares saturados de sangre estancada. Daba la sensación que alguno de ellos acabaría por reventar o peor, que todos lo harían, provocando que muriera desangrado. Mirarlo fijamente suponía un auténtico reto.
-¿Qué clase de trato?- Pregunté.
El hombre abrió el maletín y sacó un fajo de billetes que dejó encima de la mesa.
- Usted quiere este dinero… yo quiero que cierre el hotel, solo por esta noche. Sin preguntas, sin quejas. Solo deberá cumplir mis ordenes. Si lo hace, mañana este dinero será suyo. ¿Qué me dice?
Sus ojos vidriosos se clavaron fijamente en mi. No podía ver que había tras ellos, pero me imaginaba una jauría de perros aullando en la noche.
- ¿Para qué quiere que cierre el hotel?
- ¿Cuál es la parte de “sin preguntas” que no ha entendido?
Volví a mirar el fajo de billetes. Era grande, demasiado.
- De acuerdo. Apagaré las luces de fuera.
- Bien. Yo ahora voy a mi habitación. Usted ciérrelo todo, traiga un martillo y clavos… y no haga ruido.
El hombre volvió a meter el dinero en su maletín, firmó el libro de registro y subió por las escaleras. La madera, podrida por la humedad y los años, crujía a cada paso. La cojera le obligaba a subir un único peldaño en cada movimiento, orquestándose una auténtica sinfonía de chirridos en su interminable ascenso. Cuando por fin logró llegar hasta arriba se encerró en su habitación dejando entre oír unos murmullos incomprensibles des de mi distancia. El viejo reloj de pared tocó las diez y yo me dispuse a acatar las órdenes del nuevo huésped. Sabía que la noche justo acababa de empezar, aunque no tenía ni idea de cuando terminaría.
Hasta aquel momento yo había actuado de forma discutible, lo reconozco. Quizá debería haberlo echado del hotel en el mismo momento que le vi bajar en medio de la asfixiante oscuridad. Lo más lógico hubiera sido negarse a cumplir sus órdenes, aunque ¿que podría hacer un viejo tullido? Esa era mi única oportunidad para huir de ese antro infecto, de escapar de una vida mísera y demostrarme de una vez por todas que no iba a acabar mi gris existencia pudriéndome en la recepción de un hotel destartalado. Ese dinero era la única cuerda que tenía para salir del pozo de mierda en el que yo mismo me había metido años atrás.
Apagar el cartel luminoso fue mucho más fácil que encenderlo. Ni siquiera tuve que mojarme. Y conseguir el martillo y los clavos solo me supuso un breve viaje hasta el trastero, no más de cinco minutos; cerrar la puerta principal y trasera, cinco más. Veía el dinero cada vez más cerca aunque solo hubieran pasado treinta minutos. Unas cuantas horas más y sería todo mío, pero debía ser paciente, no podía dejar que los nervios ni el ansia se apoderara de mi, porqué si así fuera, estaría perdido.
Yo aún no sabía cual sería mi papel dentro de aquella pequeña obra, no sabía siquiera cual era el nombre de ese extraño tipo de piel venosa. Abrí el libro de registro. “Sr. Yásser” ponía. En ese momento se abrió la puerta del anteriormente conocido como extraño y ahora bautizado como Sr. Yásser.
-¿ Ha cerrado todas la puertas? Preguntó el Sr. Yásser.
- Todas.
- Bien, ahora coja los clavos y clávelos en las ventanas.
Mi jefe, el Sr. Dimblon me iba a matar. Pero por ese dinero hubiese clavado los clavos en sus mismos pies, se lo aseguro.
-De acuerdo.
-Cuando acabe venga a la cocina, le espero ahí.
Sin duda el Sr. Yásser huía de algo o de alguien al que temía, al que tenía auténtico terror. Clavé los clavos en las ventanas, asegurándome que estas quedaban totalmente inmovilizadas, no tanto por cumplir escrupulosamente sus órdenes, sino porqué si alguien teme tanto a algo, debe ser por una buena razón. Cuando regresé a la cocina me encontré con el Sr. Yásser de pie junto a su inseparable maletín.
-¿Piensa contarme lo que ocurre?
-Te dije que nada de preguntas. Ahora siéntate.
Obedecí sus órdenes mientras él sacaba un trapo viejo que parecía envolver algún objeto.
- A veces la gente no desea contar cosas por el simple hecho de que otros las sepan, sino simplemente para liberarse. – Le dije. En ese momento observé un brillo en sus ojos que hasta entonces no se había producido. Para él, dejé de ser un insecto para convertirme en un animal. Sin razón ni conciencia, pero con un mínimo de dignidad.
- ¿Cómo te llamabas?
- Benny.
-Verás Benny, si no me equivoco estamos a 9 de octubre, ¿no es cierto?
- Así es.- La luz de las viejas bombillas hacían que su cara mortecina se combinase con un tono amarillento.
- Hoy hace justo dos años que maté a un hombre, Benny. Le disparé y quedó muerto en el suelo. El año pasado vino a buscarme. Sé que hoy también vendrá.
El silencio retumbó en toda la habitación. Algunas gotas de lluvia habían conseguido sortear los obstáculos hasta conseguir colarse en el interior de la cocina, produciendo un goteo espaciado pero persistente. Yo no veía lógico cuestionar su locura, así que, simplemente, me sume a ella.
- ¿Y cómo piensa detenerlo?
El Sr. Yásser desenvolvió el objeto que hasta entonces cubría con el trapo viejo. Eran dos pistolas. Una la cogió él, la otra me la dio a mi.
- No pienso matar a nadie- Le dije.
- No lo hará. Ese hombre ya está muerto, yo mismo lo maté.
- Es una locura.
- Puede que lo sea. Pero si quiere el dinero deberá sentarse y esperar conmigo.
Vi claro que mis ilusiones de conseguir dinero fácil no habían sido más que una estúpida fantasía; comprendí que si conseguía salir de ahí, me habría ganado cada céntimo de ese fajo de billetes. Mientras seguía calculando cuantas posibilidades reales tenía de salir de ahí, el Sr. Yasser se levantó, se dirigió hacia la despensa y cogió un trozo de queso y algo de fiambre.
- ¿No me piensa contar lo que ocurrió con aquel hombre?- Le pregunté. No contestó. Se limitó a ofrecerme con un gesto escueto, un poco de queso. Volvió a sentarse y siguió comiendo mientras los dos estábamos en silencio, masticando el paso del tiempo a cada nueva gota de agua que se estrellaba contra el suelo. Los riachuelos que se formaban en las ventanas suponían la única diversión en esos momentos, apostando para mis adentros, cual sería la siguiente dirección en la que iría el agua. Siempre acababan formando ramificaciones venosas, muy parecidas a las de la piel del Sr. Yásser. Los minutos pesaban cada vez más, como el silencio puntualmente roto por los truenos y las gotas de agua. Cuando habían caído 536 gotas en el suelo de la cocina, la luz se apagó.
- Iré a ver los fusibles- Exclamé.
- Siéntate Benny, no te preocupes por la luz.
- ¿Está de broma? Hay un tío muerto que viene para matarle, ¿y a usted no le importa que se vaya la luz?... Ahora vuelvo.
Me levanté decidido a activar otra vez los fusibles, quizá él pretendiera alimentar esa locura, pero yo no estaba dispuesto a hacerlo.
-Vi un coche accidentado en la cuneta…- Cuando el Sr. Yasser empezó a hablar, yo me detuve.- Dentro del coche no había nadie, solo unas manchas de sangre y este maletín - dio unos golpecitos a su querido maletín- Estaba lleno de dinero; el mismo que hay ahora, y yo estaba decido a llevármelo conmigo. Miré por los alrededores, pero en ese bosque solo había oscuridad, más negra y espesa que todas las noches juntas. De repente se encendió una luz que apuntaba directamente hacia mi. Supuse que debía ser el hombre accidentado que, al oír mis gritos, vino en busca de ayuda. La luz de su linterna me cegaba completamente la vista y solo podía intuir la figura de la persona que tenía delante. Le pregunté si se encontraba bien. No respondió. Le pregunté si quería que lo llevara al hospital. Tampoco respondió. No dio ninguna señal de vida excepto por el halo que su aliento dibujaba en la luz de la linterna. Estuvimos así varios minutos, sin movernos, sin hablar, solo esperando. Finalmente me decidí a acercarme hasta él y fue entonces cuando ocurrió. De la nada se oyó un disparo que me destrozó la pierna, sin embargo conseguí abalanzarme sobre él. Forcejeamos a tientas como si fuéramos dos animales salvajes, yo conseguí ponerme encima suyo, le agarré el cráneo y lo empecé a golpear contra el suelo. Lo dejé inconsciente, pero eso no era suficiente, seguí golpeando y seguí y seguí hasta que la rabia y el dolor se sumaron para luego desaparecer. Había matado a aquel hombre, de eso no había duda, y ni siquiera lo había podido mirar a los ojos. Estaba muy oscuro y yo demasiado cegado.
Regresé a mi coche, decidido a hacer desaparecer el cadáver. Cogí unas mantas y volví cojeando para llevar el cuerpo de nuevo a su coche, quizá así parecería que había muerto por el accidente. Pero en el lugar del crimen no había nada. Ni cuerpo, ni linterna. Nada. Solo la cegadora oscuridad de la noche.
Des de aquel día, lo único que hago en mi vida es huir y mirar a mi espalda. Todos los días, todas las horas. Hace justo un año volvió a por mi, al principio creí que venía por su dinero. Ahora sé que venía a por mi. Pero hoy estaré preparado. Te prometo que esta noche todo será diferente.
Al acabar su historia los dos nos quedamos mudos. La lluvia seguía cayendo y las pequeñas gotas que se colaban por el tejado, seguían estrellándose contra el suelo de la cocina de ese viejo hotel. Pero no importaba. Ya nada importaba. Sabía que era demasiado tarde para todo y que hiciera lo que hiciera, ya no había marcha atrás. Entonces se oyó el crujir de la escalera. El Sr. Yásser se levantó de inmediato. Arrastró su pierna hasta la entrada de la cocina y empuño el arma dispuesto a acabar con aquel que tanto tiempo lo había atormentado. Yo salí detrás de él, muerto de miedo y rezando para qué todo aquello terminase de un vez. Cuando llegamos al hall del hotel pude ver una luz en lo alto de la escalera.
- ¡Por fin te encuentro!- Gritó el Sr. Yásser.- ¿Sigues escondiéndote detrás de tu linterna? ¡Vamos, baja!, ! ¡Muestra tu cara!
Yo permanecía como un simple espectador, petrificado por el terror. La figura en lo alto de la escalera sostenía una linterna, del mismo modo que lo hizo el protagonista del relato que minutos antes me había contado el Sr. Yásser. Pero había algo extrañamente familiar en esa figura apenas perceptible en la oscuridad. El Sr. Yásser seguía hablando, amenazándole para que bajara y así pudiéramos verle la cara. Pero la figura seguía inmóvil, sosteniendo la linterna en lo alto de la escalera. No sé si fue por azar, pero en uno de esos instantes, tras la cegadora luz de la linterna, me pareció distinguir la bata de cuadros que siempre llevaba puesta el Sr. Sylo.
-¡Alto!- Grité- No dispare, no es su enemigo es el Sr. Sylo, se debe haber levantado por el apagón.
- ¡Baja he dicho! ¡Si no lo haces a pie, lo harás rodando!- El Sr. Yásser no tenía ninguna intención de hacerme caso. Sabía que debía hacer algo, debía evitar que ese hombre cometiera una locura.
- No puede oírle, ¿lo entiende? - Lo agarré por la espalda.-¡Está sordo, no es el hombre que busca, solo es un viejo sordo! – Ese hombre cojo pero tremendamente fuerte, me zarandeó y finalmente me tiró al suelo, a unos metros de él. Pude ver cómo el aliento del Sr. Yásser quedaba perfectamente dibujado en la oscuridad. La luz de la linterna seguía inmóvil, expectante, casi insolente, esperando que alguien se moviera, deslumbrándonos como a dos animales en la carretera. El Sr. Yásser subió su arma.
- ¡Veo que tú no has cambiado!- Gritó – No te preocupes, yo si lo he hecho.
Yo también subí el arma. Grité con todas mis fuerzas para que comprendiera que se trataba de un error, grité hasta quedarme mudo, hasta resquebrajar la oscuridad de la noche, llena de rabia, llena de odio, grité como un horizonte de perros, pero el destino nos arrastraba con su cuerda hasta el fondo del río, y mi grito se perdía en el aire infinito. Se oyó un disparo.
La luz de la linterna seguía inmóvil en lo alto de la escalera. Yo seguía agazapado en el suelo del hall, sosteniendo el arma y viendo como del cañón, aún caliente, salía un humo gris que difuminaba la figura del Sr. Yásser. Éste, finalmente, cayó al suelo. Se desplomó como si se tratara de un árbol centenario, con un estruendo grave y seco. A los pocos minutos la luz de la linterna y el señor Sylo, que estaba detrás de ella, se retiraron de nuevo a su habitación, sin palabras, sin ruido, dejando totalmente a oscuras el cuerpo del señor Yásser y el de su asesino. Aparté el arma de su mano y comprobé su pulso. Ese hombre estaba muerto, yo lo había matado. Tendría que convencerme el resto de mi vida que esa era mi única opción, que yo no era un asesino aunque las circunstancias me hubiesen empujado a serlo. Iba pensando en esto mientras fui a la cocina a aliviar las fuertes arcadas que me había producido el accidente. Pensaba también en el Sr. Sylo y en lo cerca que había estado de morir, en todas las preguntas que me haría la policía y en lo mucho que tendría que explicar. Miré el maletín, el dinero estaba dentro y ahora ambos me pertenecían. Sin duda fue el dinero más caro del mundo. Pero sabía que alguien, tarde o temprano, acabaría viniendo a buscarlo.
Más calmado volví al lugar del crimen, debía recoger el arma y también quería echar un último vistazo al cadáver de mi víctima. Pero en el lugar del crimen no había nada. Ni cuerpo, ni pistola. Nada. Solo la cegadora oscuridad de la noche.

lunes, 26 de noviembre de 2007

LAS OCHO VIDAS DE LA SERPIENTE. Escrito por: Belizer.

Es curioso la inteligencia se manifiesta de forma muy diversas, nunca he llegado a considerar a la serpiente un ser inteligente pero si astuto. He podido observar que los seres que mas perduran son los que saben escapar del peligro y tomar como presas a los seres que son débiles y en condiciones de vida salvaje inferiores a ella.
De los gatos, que hay que hablar de esos dulces mininos siempre cuentan con siete vidas y el agrado de su señor. Dueños y mascotas plantean aquí una dulce alianza de la que el que se siente sometido no toma por bárbaro a su amado dueño , no se formula preguntas, es un ser sencillo que no cuestiona las palabras de su amos .
En las antiguas leyendas de nuestras abuelas siempre se ha hablado de las siete vidas del gato. Pero nunca de la sibilina jueza de cobardes, inocentes y pérfidos inconcientes, algunos humanos poseen lenguas viperinas, se arrastran hasta donde pueden, con sus cascabeles asonantes, inician un camino discordante, de un futuro a la deriva
. Aquellos seres de bajo calibre moral, aunque se hagan llamar hombres nos hacen recordar, al ser que nos engaño desde el principio de la creación, la serpiente. Me gustaría hablar mejor de ella. Pero para narrar esta historia, tengo que despedazarla por completo para afianzar una primera premisa,-los gatos tienen siete vidas-, bien las serpientes tienen ocho. En los siete primeros días del mundo solo habia quietud y maravilla, las gotas de vida se sentían en el aire ,sin embargo una criatura del Averno, vino a tentar a los humanos ,para someterlos al trabajo ,y traer consigo la ira del supremo , en esos días siguientes ,se podría decir que al octavo. La serpiente demostró que era más astuta que el hombre, sin saber que sus días, al igual que los de los humanos se harían eternos y áridos .Todo al octavo día, todo como en ocho vidas, todo como en ocho sueños, la eternidad se rimo con gusto a un poema de vida y de castigo por haber profanado la regla. Los minutos se hacían invencibles para el hombre, el tiempo sonaba lento, pedía perdón y privilegios, pero hasta un Dios misericordioso, no olvida, que escucharon la voz del astuto Satán.
Lo que hoy os voy a contar, no viene en los libros, pero al eternizarse el tiempo y acortarse la vida. La serpiente consiguió tener ocho vidas mas, sumándole a siete días uno, como el día en que la astucia sirvió al hombre para ganar al octavo, esa octava vida fue en conmemoración de todo, el premio del que la naturaleza doto a esta alimaña, por tentar al hombre, destruir su inocencia, descubrir su debilidad y acercarlo a la hoguera de su vanidad.
Teniendo en cuenta esto, si la serpiente, vivía ocho generaciones .Cada ejemplar compilaría la experiencia suficiente, como para atacar, moralmente hablando, a una estirpe de hombres y destruirlos por completo. Si bien porque seria difícil, hablarles de todas aquellas serpenteantes intrusas, hoy se hace mas constructivo hablaros de una, de Demio, ella adopto diversas formas para llevar sus planes a cabo. Y para que tengáis un ejemplo de su maldad hoy os voy a relatar lo que hizo en una de sus ocho vidas. Y aunque es un arduo trabajo, no cabe en mi el gozo de demostraros la piedra con la que nunca deberéis de tropezar, los hechos que a continuación describo no viene en los libros de historia, quizás por miedo, no pasaron de una generación a otra, quizás se perdieron en las mentiras de una sociedad, y los que lo saben que somos muchos, prefieren callar antes de sufrir la ira de Mefistófeles.
Demio en su primera vida : adoptando la forma de báculo fue el regalo de un noble a una corista Parisina, _le infundiría valor _ le dijo ,cuando le entregó el suntuoso regalo .Por aquellos tiempos Monique, que así se llamaba, soñaba con la majestuosa cadencia de unos trajes de satén y pura seda india rematada con encajes . Que según ella era el vestido que llevaban las cantantes de la opera de Paris, por aquellos tiempos su voz, lejos de ser prodigiosa era vulgar, en los antros que actuaba, solo era del interés siempre nunca excepcional, del público masculino.
Un día como otro cualquiera Monique escucho una voz que salía del báculo que le decía _opten siete gotas de sangre de las mujeres con mayor talento de París, vierte la sangre sobre tu cuerpo en una noche de luna llena, la unirás una octava gota de sangre de la savia joven del talento mas virtuoso de los siete anteriores, la inocencia de un niño, y la unirás al ritual de ese modo alcanzaras la fama y la eternidad_. Dicho esto Monique se propuso seguir a lo que simplemente parecían elucubraciones de su propia mente, un báculo que habla, un báculo con vida propia, obcecada en sus ansias de de fama y poder, siguió paso por paso las indicaciones de aquel extraño báculo.
El talento de su primer encargo ,de su primera prueba, era difícil hasta para el mas artificioso de los hombres , si su objetivo era la opera porque no buscar entre la nobleza ,pero no como virtud, sino como posicionamiento social, para ello busco y rebusco, entre las calles mas fatuas de Paris ,a una marquesa de postin, la mas rica de Francia poseía litros y mas litros ,de los perfúmenes mas ansiados por la corista , poseía cientos de libras en sabanas de satén , batines de sedas y otras veleidades, propias de una ricachona .Toco la puerta sin pensar ,y los sirvientes la echaron a patadas , pensó en pedir audiencia pero ¿De que modo? , era una habitante mas, de la ciudad de los desdichados, con que cara pediría un minuto, un segundo, como llegar a la hora, para robarle el elixir de la fortuna. Una vez mas pidió ayuda al báculo y dijole así: muéstrame el camino que he de seguir y el cayado le enseño el reflejo de su estampa vestida de costurera y con un alfiler en la mano, y dijole éste _ ella será el principio de tu fortuna, no dudes en mancharte de sangre porque la sangre que corre por tus venas, aun no despide la sobrada nobleza de la marquesa. Atesora bien los beneficios, de este tu primer trabajo, porque el primero te llevara a segundo, y así también al tercero, hasta que llegues al octavo, que te dará la fama eterna, y la pervivencia de tu imagen a través de las épocas, que es lo que tanto anhelas.
Se disfrazó de costurera y se presentó en la casa de la marquesa, allí habló con ella y poniéndole la excusa de que tenía que coger medidas, la pincho con el alfiler hasta impregnarlo por completo de su sangre. Monique, la corista, vertía la sangre sobre su pecho, de la nada surgió un remolino que la rodeaba y mientras su sangre se iba transformando, iba adoptando la presencia de la marquesa_ a la pregunta ¿que me pasara ahora?_ Demio, el báculo, respondió_ eso te abrirá puertas, la imagen de la marquesa, no es la de una diosa, pero es una buena tarjeta de visita es el camino de conseguir lo que deseas. Dicho esto la corista se dispuso a conseguir el talento, de una de las ocho vidas que envidiaba, con el aspecto de Marquesa muchas puertas se le abrirían sin embargo, habría dos personas con la misma apariencia un gran problema .Si nos parábamos a analizar, todo movimiento sutil de Monique, seria una patada en el hígado, para todo aquel que conocía algo de protocolo, cualquiera que entendiese de finos modales parisinos, se daría cuenta de la farsa isofacto. Cuestión difícil de resolver, sin embargo aunque la corista, no tuviese los modales de la marquesa, podría suprimirla para ocupar su lugar, aunque no podría evitar comparaciones.
Envidiada su vida y en su espejo disociado, de su mente, aparecían por un lado su fuerte personalidad, y ese aspecto voluptuoso y de gran dama que habia adquirido gracias a la sangre de la marquesa,
Cada imagen en su mente le hacia ver la poca brillantez de una idea , la idea de liquidarla ,asesinar a la marquesa, ella no sabia que aunque tuviese su misma apariencia , nunca ocuparía el lugar de la marquesa, ni sus modales ni su finura le acompañaban , un poco desencantada, ya que el único talento que habia adquirido nada tenia que ver con la elegancia y la prestancia le pregunto a su báculo_ Demio ¿ son las alajas del cuerpo de otra señora lo que me encontrare o quizás solo sus malos hábitos?_ a lo que este le respondió ; no es lo que te falta lo que debes conseguir es lo que necesitas , lo que te ayudara a conseguir tu objetivo.
Ante el perpetúo impedimento de la persona de la marquesa, Monique se planteo la forma de eliminarla. Para ello pregunto de nuevo, a su báculo este se transformó cobro vida como serpiente, para llevar el plan acabo, pues dijo que enviándole una carta a la marquesa, el veneno que despedía de su aliento, conseguiría hacerla desaparecer, de este modo la corista se dispuso ha hacerla desaparecer, escribió una carta / invitación en la que le proponía acudir a una fiesta en la que cantaría en el palacio de Versalles para el rey, para el rey de Francia.
La Marquesa recibió la invitación, y emocionada por la misiva, rozo con sus dedos la rubrica, de la carta impregnada del aliento del astuto reptil, de tal modo que cayo fulminada en el instante .Era un día festivo, con lo que la marquesa habia dado vía libre a las peticiones del servicio, todos se encontraban fuera. Monique habia calculado con solemnidad el recorrido que llevaría la carta. Y habia acompañado e hipnotizado con el báculo, a un andrajoso desconocido al que le hizo disfrazar para aparentar ser un enviado del rey del sol.
Su siguiente objetivo, le sembraba de dudas, la segunda vida, la segunda cualidad, la segunda advertencia de su sentido común, a la que no haría ningún caso.
La magia de lo histriónico, el argumento y escenificación de la obra siempre le habían llamado la atención, por lo tanto no estaría demás que la segunda gota de sangre fuera la de una actriz de teatro, idolatradas por el público, siempre aparejadas las habladurías de una vida bohemia y superficial.
Monique , preguntaba una vez mas a Demio , ya que su sentido común estaba algo desencantado de su poco acierto_ ¿ a quien debo escoger?_ a lo que contesto: a la primera actriz del espectáculo mas soberbio , le suplicaras que visite la que es ahora tu casa , la casa de la marquesa, porque será divertido para tus invitados ,y le propondrás servirle de mecenas .En el primer instante, en que estés a solas con ella, le clavaras el mismo alfiler , que le clavaste a la marquesa ,y en vez de verter la sangre sobre tu cuerpo como pensé desde un principio, para que los cambios sean notables, te beberás su sangre , aunque ten cuidado emborráchala previamente para que piense que todo fue un extraño sueño , para que nadie la crea.
De este modo se dirigió a su segunda meta, su segunda ¿victima? , obviando que esta vez los efectos sobre su débil talento serian notables y plausibles.
A la fiesta nocturna de la marquesa, acudieron las aves mas dispares, buitres, cuervos y viejas lechuzas, que siempre estaban en las invitaciones de los encuentros de la alta sociedad, su principal objetivo estaba marcado, y el artista principal subrayaba los versos de la afamada actriz. Mientras Monique disfrutaba con la representación. El duque, conocido Don Juan, la cortejaba, lo que suponía un entretenimiento para él, representaba una perdida de tiempo para ella. Obcecada en el guión de su historia le alteraban las ganas de diversión de su pesado pretendiente, que de ningún modo se despegaría ni un solo centímetro de su sombra. Lo que le dificultaba en demasía su objetivo principal.
La dispar actriz por otra parte, hacia acopio de sus dotes histriónicas, recitando versos,
Junto al fuego, de la chimenea de la marquesa. Envuelta en un río de champagne, la muchacha, subía a la nube del séptimo cielo, y como si de un sueño se tratase danzaba y danzaba en círculos, hasta que por el cansancio quedo desfallecida.
El duque, a pesar de que casi todos los invitados, habían abandonado la sala ¿ se empeñaba en cortejarla o ,¿tal vez solo la ilusoria imagen de la marquesa le dirigía a los empantanados caminos de una necia que coleccionaba las virtudes y talentos de los que ella carecía?.
De repente a la corista le sobrevino una idea, que tal, si mataba dos pájaros de un tiro si en su primera incursión, solo habia podido adquirir la apariencia de la marquesa y no sus exquisitos ni refinados modales, si obtenía la sangre del duque quizás supliría la primera falta y con la ayuda, de la sangre de la figurante, consumiría en su persona los talentos de dos vidas mas con lo cual el proceso se aceleraría.
Dicho y hecho, la corista clavo el alfiler en el duque, mientras lo confundía entre caricias, Sin mediar palabra dejo caer un broche en el suelo, de repente se escucho un cascabel el duque salio a la terraza, mientras Monique se bebía la sangre de la muchacha, y del duque, su rostro se rejuvenecía. A la par de esto una serpiente cascabel atacaba al duque y con su veneno lo adormecía a la vez que la serpiente adoptaba su forma su porte y elegancia, Monique no dejaba de asombrase, la serpiente,
El báculo ahora todos ellos eran uno solo, ´´Demio´´, ahora eran un hombre muy atractivo para su gusto enigmático, tentador y quizás algo peligroso.
El proceso seguía adelante, joven y talentoso él, y joven y con la apariencia de una noble Marquesa ella. De todos modos aun no habia concluido con sus objetivos. Ella no conocía el alcance de todo esto, ni siquiera si alguien advertiría los cambios en las personas que habían sustituido. La joven solo pensaba en el atractivo consorte, que le acompañaba, y en que a partir de ahora las cosas iban a cambiar.
Mejores o peores, de algún modo poseía las características .Algunas no muy singulares de las tres vidas: la astucia del duque, la apariencia de la marquesa y la juventud de la actriz.
Aun le quedaban cinco objetivos, de los cuales uno parecía ser el mas difícil, la inocencia de un niño, como encontrarían al adecuado, era cuestión de tiempo ella quedo preñada de Demio en su forma humana y en nueve meses concibió un hermoso niño.
Los pocos principios que le quedaban le cuestionaban, si debía o no utilizar a su propio hijo para sus objetivos, ella buscaba la gloria y aunque estos le planteaba serias dudas no vacilo en preguntar al padre de su hijo_ ¿para que la inocencia, para que esa ingenuidad, por que mi propio hijo, de que me sirve? , tu hijo no es el hijo de un humano es el hijo de la ira, es el hijo del siervo de Satanás, es hijo mio. No es tu objetivo ni mucho menos tu victima.
Increíble pero Demio al adoptar forma humana adquirió debilidades, sus sentimientos afloraron y de algún modo habia un vinculo entre Monique, su hijo y él.
La corista trazaba de nuevo su próximo plan, quizás crucial para sus objetivos, se trataba, de una soprano que vivía en palacio.
Selene, cantaba en privado a veces para el mismísimo rey, nobles y hasta en presencia del obispo .Era la cuarta gota de sangre. ¿Que haría para engañarla?
Los planes de alcanzar los talentos y actitudes de sus anteriores victimas se habían quedado a medio camino, con lo cual algo debía de hacer para adquirir su voz por completo. Demio le propuso clávale el alfiler en la garganta permíteme que saboree su sangre y robare el eco de su voz cuando ella cante, su voz será tuya y nadie en el mundo podrá igualar tu cuarto talento.
Aparentando ser duque él y ella marquesa, se mezclaron entre la corte para poder estar en los espectadores de Selene. Una vez allí, seria difícil hacer desaparecer su voz sin levantar sospecha alguna así que pagaron a un miembro de la burguesía, de sobra hipotecado, con debitos que habia adquirido en los antros de mala muerte de Paris y con nada que perder, lo instaron a que introdujera un pequeño estilete, propiedad de un banquero, de la ciudad, en su copa.
Selene empezó su cantata, cuando bebió de su copa, noto que una hoja afilada y fría le cortaba la garganta lo suficiente para no volver a cantar jamás. Tras el desastre Selene no murió pero quedo muda para siempre.
Demio probo en secreto la sangre de Selene, mostrando su rostro facciones cada vez más jóvenes, sin embargo Monique seguía sin conseguir lo que quería tenia la voz de Selene pero seguía siendo infeliz porque creía que nunca llegaría a ser una estrella. Así que busco su quinto talento:
Una pequeña violinista, que actuaba por las calles del Moulin Rouge, huérfana de padre y madre, aparentaba tener unos diez u once años, Demio le explico que esta niña si poseía el talento, de la inocencia del que ella carecía, el destino se tornaba aun más cruel para la desdichada niña, porque esos dos, no tramaban nada bueno.
La niña tocaba y tocaba, resbalaban sus menudos dedos sobre el arco del violín y siempre tocaba canciones tristes, bucólicas y sentimentales.
Con lo que interpretaba solo llegaba a juntar como mucho tres francos, lo que no le daba para vivir tenia el arte en las venas, sin embargo aun demostrando su valía le era imposible encontrar algún mecenas, por el día visitaba las escombreras, de las casas que tiraban, en busca de algún objeto, para vender en el rastro los sábados, en la rivera del Sena.No sacaba mucho pero con lo que ganaba le alcanzaba para un churrasco de pan. La carestía era notable en estos tiempos y ella era de los muchos niños que vivían en la, por la noche dormía bajo periódicos dentro del uno de los confesionarios de la catedral. Las veces en las que algún clérigo la descubría mienta dormía no la despertaba, la tapaban con una manta y le dejaban uno o dos francos la niña se sentía protegida y sabia que la estaban ayudando difícil objetivo para la serpiente y la corista ya que, Demios no era un dios reptante, si era inmortal pero limitado, muy limitado ante los designios divinos no podía hacer absolutamente nada.
Demio calculó que bajo techo sagrado sus poderes se desvanecerían, así que mando a Monique, para que por la noche robara una gota de sangre de la niña, el quinto talento, el quinto entuerto.
La corista cambió sus lujosas ropas, por la de una mendiga y robo la gota de sangre, sin embargo, a la serpiente se le olvido advertirle, de lo que le sucedería si la vertía sobre su cuerpo en el momento en que ella permaneciese en suelo sagrado, dentro de la catedral. En pocos segundos , la marquesa dejo de ser marquesa su rostro volvió a ser el de antes e incluso su voz se atascaba , chirriaba , quería decir algo en lo oculto de su pensamiento pero sin embargo no decía nada , no tenia sus cuatro talentos y aun mas estaba mucho peor que cuando empezó. Sin lugar a dudas competir con Dios representaba una dura batalla.
Por otra parte Demio la astuta serpiente , habia ganado cuatro vidas en su bagaje como criatura eterna , viviría cuatro generaciones como un ser humano , y todo ello se lo debía a la codicia de una corista que no pensaba nada mas que en ella sola , hasta Demio demostró algo importante hubiera sido incapaz de matar a su propio hijo , para llevar su plan a cabo , las alajas de las que se habia desprendido ,solo servían en la vida terrena , no tenia ningún merito, para alcanzar la gloria ni siquiera celestial, pero el Dios que según ella ,le negó el talento de ser la única, era un Dios misericordioso , no hacia pactos ni concesiones , a pesar de sus múltiples faltas , le dio una oportunidad para reparar el daño de alguna manera cuidaría del hijo de la serpiente hasta alcanzar la absolución de ese modo , la serpiente desnaturalizada que ahora era hombre , perdería sus poderes y heredarían la generaciones venideras , la inocencia primera de aquel ,que se dejo tentar por la serpiente. Y toda aquella víbora que se acercase al hombre seria rechazada por todos en un equilibrio natural entre el bien y el mal. Y todo el que pereció por las artimañas de Demio y la corista alcanzarían la condición de Ángeles guardianes que durante siglos y siglo protegerán al hombre de una guerra de los mundos, guerra de las condiciones sociales que empezó hace mucho tiempo, quizás con Monique, o quizás no, ese fue un día cualquiera de un siglo muy antiguo en la que los hombres y las serpientes se parecían bastante.

EL SOLAPADO CUARTO DEL ESPANTO, “HISTORIA DEL DESAMOR.” Escrito por: Belizer.

Sentía animadversión hasta de mi propia sombra, los recuerdos nunca olvidaron que tenía que seguir viviendo. Seguir viviendo condenada por el amor y el deseo aquello que quise ser y no fui, aquello que contamina mi vida hasta sus últimas consecuencias, el amor ,quiero cambiar de tercio y no puedo , quiero avanzar para sobrevivir , pero sobrevivo a duras penas .Porque una imagen desfigurada del amor imposible , me invade y domina mas que la propia razón , no lo entiendo , todo empezó cuando paro mi reloj , todo empezó aquel día , aquella vez sentí que era dueña de mi vida , no era dueña absolutamente nada , los caminos inescrutables del amor y del deseo me llevan por donde quieren , quiero dejar de amar y no puedo ,quiero dejar de pensar en él , y realmente me fastidia tenerlo en la cabeza
.Mi angustia por el que dirán se esta convirtiendo en agonía, se puede morir de amor a expensas de un estupido comportamiento.
Unas sublimes reglas que explican como tienes que vivir sin molestar a nadie, les molesto por vivir sin pedir permiso, realmente las ambigüedades crean precedente en las leyes de la vida, leyes que se quedan estupefactas al mirarme a la cara, leyes que desconozco como funcionan, porque no existen normas para amar, tampoco para vivir. Pero bocado a bocado devoro la sensatez como si la robara, como si la adquiriera a zarpazos.
Como se vive pensando en el que dirán, como se continua sangrando, después de haber desangrado a bocajarro lo que mas querías, lo que maldecías pero siempre amastes, como seguir, sí esa es la pauta, pero ¿Cómo?, la tristeza me invade y no sé que diablos pasa, no hay un perdona, no se puede realmente rectificar para huir de este solapado cuarto del espanto.
Cuando maldices al ser amado te maldices a ti mismo , es duro vivir con la duda , de veras sé que no hice lo correcto, que desvarié y fue mi bocaza absurda la que quiso hablar de más .Fue mi vanidad aquello que oculto lo bueno que hay en mi , y fuiste tú el que a duras penas me enseño a vivir , esta es una carta hacia lo mas secreto de mi corazón , ese miembro que se muestra inservible cuando no te tengo , cuando no te siento , resulta una verdadera estupidez que te echara de mi lado por orgullo , representa un galimatías deshacer lo ya hecho , y es imposible que pueda huir de mi propia conciencia.Engañarse es la palabra , engañarse es lo que me mantiene así , con vida , engañarme es mi sino , y hay un halo imprescindibles llamado amor que me condena.

¿Que hago sin ti, y contigo?, desde luego en mi drama he sobrepasado la línea del histrión en su máxima expresión, y te lo digo con la cabeza muy alta, jamás pensé que mi insensatez llevara a esto, a escatimar mis besos, mis caricias, a escatimar el deseo que hoy me consume.ya que supe ser mujer para una cosa, no supe serlo cuando te necesitaba por entero, y es que lejos del deseo desatendí una obviedad, que te quiero.

Amar es el octavo arte que nadie cuantifica, el arte al que le ofende ser incomprendido, con la inspiración llega la mejor obra cuando se va deja un vació grande y espeso como el mar muerto .Y nadie sabe donde irá a parar, sin embargo todos saben porque fue, aunque nadie en su interior tenga la dirección a la cual tenga que girar tu corazón, te duele saber que estas desorientado
.Saber que todos lo que haces es en vano porque no es quien soy, soy lo que siento, aunque a veces quiera ser la esencia del pensamiento
Con lo que voy a decir no miento , no soy quien, no existen barcos ni fletamento que hagan parar el tiempo .Por eso quisiera saber si todavía estoy a tiempo .A tiempo de dirigir mi vida , aunque cometa los mismos errores aunque arbitre las mismas traiciones , y me consuman las absurdas negaciones.
Una vez te convertiste en el aspirante a mi blanco pecho, y pensé que era la reina de todo, diosa del mundo dueña de todo .Pero sin ti soy realmente nada, y es que los años pasan y voy a cayendo lentam ente en la trampa de la soledad, que tímidamente me caza y atrapa, no sentía animadversión de ti, sino animadversión de lo que ata, dirige y dicta que no haga trampa.
Esto realmente es una declaración de amor, a lo que quiso ser y no fue, es caótico y lo sé, pero es lo único que mantiene la esperanza de algo mejor, es realmente el amor lo que mantiene la esperanza en el ser humano, y la decepción y el desamor lo que nos hace comprender, ¡que diablos esto no es un tratado pero deberías planteártelo! ¿No es así?

FUEGO EN EL INFIERNO. Escrito por: Belizer.

Me llamo Lucas y todo termino, no, empezó cuando, encontré, mi homónimo entre las llamas se llamaba Carla. Todo parecía diferente, cuando ella me señalaba el camino, todavía no sabia a donde me dirigía. Pero creía saber lo que podía esperar de ella, talento como tahúr no parecía tener.
Pero entre la vorágine de lenguas viperinas y de sobra envenenadas, ella era la mejor. Tiraba los dados al compás de la imperativa llamada de los crupieres del club.
Ganaban cuando los demás perdían, siempre he sido de aquellos que miran la botella medio llena nunca medio vacía, mi corazón palpitaba a la orden de mi jefe mi trabajo era cazarla, y mi baja actitud era como fuego en el infierno.
Sigilosa entre las sombras, caminaba tan despacio que me hacia pensar que la suma
De sus curvas y medidas era solo un juego calculado una cifra infinitamente perfecta
Reflejaba, la inconmensurable cualidad de cortejar hasta las fieras más bravas. Ella era como un felino que examinaba su presa, yo como el ave de cetrería que actuaba para su señor, sin embargo nunca un ave, pudo cazar piezas tan grandes y similares a esa estampa casi figurada.
Tracé un plan sobre la mesa , mi jefe me condecoro con el mayor honor , hacerla desaparecer.Una noche antes ,mi mente atravesaba alguna de sus grandes dudas , a este cazador la presa ,minuto tras minuto se le hacia demasiado grande, el verso descompasado de un poeta sin ley surgía de mi descarnada alma , a nadie le interesaba mas que a mi ,presa de Mefistófeles ,que duro destino, culpable de vivir por encima de otros y por debajo de otros muchos era su condena.
Vivir donde se trazaba la tragica suerte de los infieles era la mía.
Era tan fácil pensar, que todo seria como aquella vez.
La única vez, en que dude de mi suerte, fue cuando a duras penas, regrese de la muerte tras una paliza, por apostar en el hipódromo. En esos días el rey de los infieles, me ofreció un sonado trato, entregar mi alma y trabajar para el, hasta canjearla por el alma de mi enamorada, mi amor verdadero a cambio de mi libertad. A expensas de mi corazón, de sobra poco virtuoso, acepte el trato, mientras, me cercioraba que aquel contrato a sangre y fuego, contara con los preceptos de mi libertad, y las condiciones de mi actual dueño.
Réquiem para un amor que todavía no había empezado, ¿valdría la pena arriesgar tanto por tan poco?
Me acerque a Carla de forma sibilina, me presente como un publicista divorciado que buscaba fortuna. Ella me examino con sus vivarachos ojos negros, y me contesto: estas solo, yo soy informática me dedico a apostar mi suerte, ¿tu también te la juegas?
-A lo que conteste: A menudo, me gustan los problemas.
-También me gustan las chicas valientes como tu.
Aborte mi plan de momento y tras una larga charla me la lleve a una habitación del hotel.
Al amanecer el señor de los infiernos me despertó y una vez más me ofreció un trato:
Entrégamela ahora y serás libre.
Nunca me fié de quienes mentían por norma , examine con detenimiento mi postura y descubrí que ante todo el señor y dueño de mi corazón era solamente yo , desafié al señor de los infiernos , desafié mi forma humana para convertirme en llama , para regresar a los infiernos convirtiéndome en el fuego que le da sabor al ultra mundo pues
Mi alma envenenada ya estaba sentenciada y no hay fuego en el infierno que destine a una infeliz a perder el cielo, a perder lo que lleva dentro.

AUTOPSIA DE UN ALMA. Escrito por: Belizer.

Uno, dos, tres, hoy murió mi desnudez, tan difícil como el origen de la especie tan áspero como un Lunes día 10 , sin un duro en el bolsillo hoy terminé de analizar una vida fantasma que me llevó a creer que mi yo, ya no existía.
Me presento, soy jugador de casinos empresario, y Don Juan y una vez estuve enamorado de una sutil damisela que me quiso tal y como soy. En los últimos días de un amor indeleble yo era de los que pensaban que en la vida sola ganaba aquel que tuviera el negocio que le apalabrase una venial vida eterna, ella se llamaba Blanca y era SHOWGIRLS de la discoteca.
Mi intención era hacerle parecer que yo era el elixir impoluto e indeleble que llenaría su vida , así pues, como reina y cualquiera ante un mundo que la traicionó y un señor que le amaba, yo le suplicaba tiempo para amarla sin que nadie lo supiese ella vendía su amor al portador del billete en su ``Sherezade baile``. A Blanca le interesaba las ``películas de Bogart`` y ``un amor de Casablanca``, la naturaleza no le interesaba demasiado, porque la humana le había traicionado ya en sumas ocasiones. Traicionada por los celos de una esposa que me amaba me contaba cada noche como su cuerpo era de otros y eso que me contaba hacia surcos sobre mi pecho amante, visto eso tuve que abandonar después del juego las charlas sobre mi esposa.


El burbón sé servia a gusto de la mesa pero para mí fue durante 5 años mi única cena pensando en los problemas que yo oculté durante años, mi vida no funcionaba, tres hijos mayores que tenía en la universidad me pedían cada vez más, mientras que mi mundo y mi empresa se iban a pique, Blanca era mi única conexión con el mundo real.


La traición de los míos no tardaría en llegar cuando enterados de la verdad, se tiraran ante los restos carroñeros de una vida entre comillas honrada.
Un canalla llamado Carlos, ese es mi nombre, le ofreció a Blanca salir de ese desierto en el que vivía ella; Contestó que su vida no sería la misma sin ti, viviendo como siempre en un film blanco y negro de los años 50. Ella hacia mutis por el foro y desaparecía de escena cuando bien le parecía es cuando yo perfilé mi engaño, haciéndole acopio de banalidades, diciéndole que le compraría un piso cómodo en el centro de Sevilla y viviríamos juntos, tras la mujer que adornaba mi vida en unas páginas del registro civil, cual fue mi torpeza que los días posteriores de contárselo a ella, mi mujer empezó a tramar la herida que no dejaría de sangrar jamás.
Invité a cenar a mi mujer para guardar la apariencia, mientras ella apuntaba uno a uno de mis números de la caja de cerillas. Carmen mi ex – esposa vociferó preguntándose de quienes eran esos números, trazó un plan a mis espaldas.


Mientras transcurrían los meses ella hacia cisco toda las esperanzas de irme a vivir con alguna de mi amantes , contrato a un detective que le puso en la pista del night-club-casino , que solía frecuentar mientras que le prometía que no llegaría demasiado tarde de esa reunión de trabajo que sería crucial para nuestras vidas, sus ojos centelleaban cuando hablaba sin los muchachos delante de la fulana a la que haría añicos mientras mi sueños se ahogaban en una botella de tequila y pensaba en huir de la realidad salí a expensas de ella y cogí el ´´Volvo ´´ para recoger a blanca De ese triste antro mientras conducía pensaba en lo que mi esposa podría llegar a hacer.



Cuando recogí a Blanca todos los poros de mi piel lloraban perfidia, ahora el único importante era yo, levanté el brazo de las marchas y abrazado a mi muñeca de telefilme pasaba una furgoneta frente a mí sin embargo no pude verla y colisionamos . Solo sufrí una leves contusiones pero el rostro de mi amada quedo irreconocible entre solo en el hospital privado que me pertenecía por mi trabajo y con la cartera en la mano mi pulso nervioso hizo que se cayera junto a la foto de mi mujer, me preguntaron si la foto era de la accidentada y conteste que por supuesto.

Hable con el médico y me propuso sin saber nada, hacerle una cirugía maxilofacial idéntica a la de la foto. Durante los treinta días siguientes, me pregunté si la vida de Blanca comenzaba con su yo interno o era solo su apariencia lo que me atraía hacia ella. La vida con mi mujer era a veces de un sopor venenoso, al que ella contribuía con su viperina lengua.

Mi plan se tornaba poco a poco como columna de alabastro, desaparecería con mi amante hasta donde me alcanzase el billete y ella sería a partir de ahora una mujer decente.
Mientras divagaba sobre mi futuro mi mujer ya harta de años de infidelidad me abandonaba a mi suerte con una pensión se solucionaba todo, buena solamente era ella la que pensaba así.

Me separé, Blanca no pudo volver a trabajar con el aspecto feúcho y casi-gemelo que me recordaba a mi mujer su personalidad me parecía ya desfigurada ante mis ojos y en honor a la verdad sentí aprehensión hacia ella, hasta el punto de dejarla. La verdad era que su antiguo rostro era el que me persuadía de los encantos del fracaso , por eso las desavenencias se fueron forjando alrededor de un don nadie l que alguna vez fue alguien , no pude clonar la identidad de aquel al que un día quise mas que la fulana y me sentí mal vastos en palabra y somero en ente , así los hombres como yo, pero sin embargo necesitamos a alguien que nos consuele y de vez en cuando a una persona que nos quiera y que nos haga el amor solitario , e inmerso en la bebida dejé pasar una llamada del hospital Blanca se había suicidado y antes había sufrido la agonía de rajar su rostro para no parecerse a ella.
En mi cuaderno de la empresa escribí; ´ sin identidad. Y continué mi camino hacia algún lugar sin alma sin semblanza eterna de un amor duradero y con la creencia de no encontrar más que basura en el centro de mi conciencia. La esperanza de hablar con un compañero sin encontrar una fuerte carga de hipocresía fue en vano.

Mi vida empezaba hoy como cada mañana y el pecado del ayer enturbiaba y envenenaba mi café .No existiría un dios misericordioso para aquel que no tuvo misericordia con los demás, me sentí atrapado como si fuera el pulgar que apretó el gatillo y confesé que en la búsqueda de la perfección tracé un destino diferente para la que fue mi amada. Perdí el empleo y ahora me encuentro en la cárcel por aquel día en que jugando a ser Dios cambié el rumbo de mi vida. Y bien, ¿qué es el alma? El alma es solo aquello que me diferencia a mí del común de los mortales porque yo carezco de ella. ¿Que hubiese sido de mi vida si el alcohol, el dinero o el vino no hubieran mandado sobre ella? Desde ahora nunca dejo de pensar que hubiera sido de mi amada si no la hubiera engañado con esa negra perfidez , y sin ese maldito accidente que cegó mi vida , hasta el punto de elucubrar un futuro perfecto solo para mi . Quizás, solo quizás la idealización de ese ser amado fue la obra que rompió mi alma en dos valores opuestos que nunca los textos de Freud quisieron enseñarme: identidad o belleza. Las cartas llegan a la cárcel donde viviré mis últimos días puesto que cumplo los 59 años en noviembre y lejos de aparentar que todo va bien , veo lo que se cuece desde fuera y que si salgo nunca mas volveré a llevar una vida normal.


Este es el diario de un asesino que jamás apretó el gatillo, mientras la vida eternizaba, en un profundo suspiro el alma de mi gemela conciencia percibía la soledad de una pared blanquecina .Acompañado de mis pecados veía la cara que yo desfigure para idealizar una mentira y en la noche susurraba mi nombre, mientras mi mente contoneaba las caderas de una fotografía. Yo la veía viva ella hablaba cantaba reía mientras la besaba observaba sus movimientos no quería que nadie la tocase mi mirada ya no horrorizaba ante sus encantos a las 7 de la tarde unos hombres de chaquetas blancas me interrogaban, siempre estaba pensando en ella. Ellos me daban el suero de la verdad unas pastillas blancas del color de sus batas siempre insistían ¿por qué? Yo solo contestaba que tenía una mujer, sin embargo ellos hablaban de una amante.
Mi vida pasaba leyendo las cartas de una mujer llamada Andrómeda decía que me ayudaría a escapar.

Yo desconocía el mundo que me rodeaba, cada vez más y mi prisión nunca llegaba a ahogarme lo suficiente, escondía las cartas de esa desconocida y mi mundo se olvidaba tras estas paredes de las que huía tras mis noches en velas al cabaret. Y le silbaba siempre sin respuesta a mi amada que volviera, a veces suplicando, y a veces gritando. Flores y billetes torneaban su figura. Mientras necios cuestionaban mi cordura.




Quiénes para llamarme loco decían que tu no existías son locos o en locos se convertirán, mi alma respira bajo tu pecho y mi libertad tras tu llantos, pero aun pienso que existes y que Andrómeda eres tú,- Solo murió mi mujer. Sí eso es lo que creo-


Tras el envés del espejo pude ver como ese cuerpo traslucido, llamado foco por los de blanco, no te atravesaba, sin embargo mi mundo seguía siendo el tuyo y tu mundo el mío, pasaban las horas y un gato con áspera cola, ronroneaba mientras uno de los de blanco decía: ¡Loco apártate de esa rata! .
Mi mirada languidecía cuando tú en tus cartas decías que me querías .Siempre supe que me abandonarías después de lo que hice. Pensé que me moría cuando el mismo que te operó dijo haber hecho la autopsia de tu alma, pues tu rostro ya no era el que yo conocía, te busqué y al no encontrarte, me presenté como único culpable de un delito fatal que te llevo a la locura y mi mujer nunca se presento. Algunos dicen que queriendo olvidar el fatal suceso, se fue del país. Me olvidó por fortuna aunque muy a su pesar en los tiempos que la amé fui solo suyo. Y solo puede reprocharme el haber querido a una mujer sin rostro, pero con alma .

HAY QUE SABER NAVEGAR. Escrito por: Josem Zeas

HAY QUE SABER NAVEGAR, no por océanos hermosos y por mares primorosos de calma chicha y oleajes espumosos, no, soy un Capitán Pirata esas aguas las conozco y:
- son de Capitanes Ingleses, perros educados y galanes, pedantes que nos desprecian y a los que percha damos en cuanto los tropezamos.
- son de Caballeros Españoles, cerdos engreídos ilustres, que por ser ellos quién son piensan que sin su linaje los demás no somos nadie.
- son de Comerciantes Holandeses, ratas de mala calaña, usureros que por comerciar comercian hasta con el sudor y la sangre.
- son de Filibusteros Franceses, engreídos de los que ni nos preocupamos pues por no saber apenas saben remar.

HAY QUE SABER NAVEGAR y disfrutar de otros mares, acercarnos a sus costas, desafiar a los perros a los pies de Maracaibo: ‘Ja, ja, ja ¿no sabéis navegar? Venid aquí so bastardos, jugad conmigo en las rocas, ellas mismas os tragarán y escupirán vuestras entrañas’.

HAY QUE SABER NAVEGAR cruzando el Cabo de Hornos con los caballeretes detrás, persiguen bandera negra de tibias y calavera, el tifón peina sus miedos y alegra mi corazón: ‘adrizar, adrizar…¿no sois Marinos?’, ‘por el rabo de Santán que morirán: ¡no son Piratas!’.

HAY QUE SABER NAVEGAR y abordar algún Bajel, limpiarlo de ratas sucias y vaciar de las sentinas sus diamantes y buen vino con el que brindar riendo las miserias del usurero.

HAY QUE SABER NAVEGAR por las aguas de Calais, franchutes plegando velas por un tornado ‘suave’ y a remo que nos persiguen marineritos elegantes, demos trapo: foque y trinquete nos bastan para dejarlos tirados.

HAY QUE SABER NAVEGAR, cansados ya de aventuras, hasta arribar y reposar en la lejana Isla de Cook, donde el sol y las morenas curan todas las heridas (las del alma aún mejor)…y solo cobran placer: son Princesas en su piel.

Nos es difícil, si lo quieres, comprender lo que sucede a los Capitanes Piratas que disfrutan de la vida no tanto en estos días como en los que se avecinan:
- Vemos los mares tan claros, en los días claros, ¡claro!.
- Vemos brillos en los ojos de las Princesas raptadas, pues amamos ese amor.
- Vemos labios tan hermosos al asaltar una boca la borda de la pasión.

Pero entre tantas travesías y felices aventuras las mejores son, sin duda, las que el Capitán Pirata navega entre las tinieblas, entre tormentas y guerras, en tenebrosas batallas y primorosas galernas, miedos que a otros les rinden nuestra risa desternilla y con gritos y ecos sordos descubrimos y tocamos, abordamos y cruzamos el horizonte allá al fondo:
- Eohhhhhh gritamos a la bruma….eoHHHHHH nos devuelve y abordamos el mercante y su fortuna.
- Oehhhhhh, voceamos más grave….oeHHHHHH y entramos en Bahía entre farallones y risotadas al peligro.
- Iiiiiii, pitamos tan finos….iIIIIII buscando el retorno de un corazón hermoso al que timonear travesía.

Y tras descubrir cualquier Puerto, rico o pobre, bello o feo, tanto da ¡la aventura es la aventura!; feliz, dichoso y nervioso preparo yo mis tesoros, esos que ni Ingleses a sus bellos Palacios, ni Españoles a sus altos Castillos, ni Holandeses a sus ricas Tiendas, ni Franceses a sus modas y banquetes conseguirán jamás arrastrar. Mis tesoros ¡sapos de agua dulce!, siempre conmigo, protegiendo mi suerte para vuestra mala suerte: mi parche ¡que nunca falte!; mi garfio ¡ponle cuidado!; mi pata-palo ¡que gran sustento!; mis aretes ¡para regalar Princesas!….y siempre, siempre por delante, mohoso y herrumbroso, mi acero ¡dando mandobles!.

Y a la proa del Bergantín, aferrado a cabo viejo y amurado a pleno viento, blasfemando por las negras barbas del viejo Barbanegra y por el ojo en la panza de la ballena del tuerto Capitán Drake bramo: ‘AL ABORDAJE hijos de mala madre…’
- AGGG, hundimos esa fragata…
- AGGG, quemamos toda goleta ….
- AGGG, destrozamos las murallas….
- AGGG, secamos las tres cantinas…

Corrimos calles y plazas, reventamos cada puerta y les quemamos las casas a guardianes ilusos que nos querían expulsar. Nos fuimos de borrachera con la gente del lugar y, encalmados y saciados, ya al final abarloamos a Taberna tan oscura que al acabar sus reservas bebimos lágrimas negras, esas lágrimas de amor que emborrachan más que el Ron y que por resaca dejan tan feliz el corazón.

Esa noche, agotados, nos derrota y secuestra el candor de unas Princesas, pero ¡qué pasó!, ¿fieros piratas vencidos, domeñados y humillados?: Si, en tierra adentro indefensos buscamos entre unas sábanas la única rendición.
JAAAAA!!! pero a la mañana siguiente, colmados ya los amores, los Capitanes Piratas protegidos por las olas devolvimos el favor: raptamos a las Princesas, no a las de velo y de tul, si no a las de Tierra y Fuego, esas que tras el primer beso vuelan por los siete Mares y navegan por los Cielos…que sobre todo para eso HAY QUE SABER NAVEGAR.

domingo, 25 de noviembre de 2007

EL SUEÑO. Escrito por: Conxi.

El otro día tuve un sueño. Todo el mundo tiene, me diréis, pero es que los míos... No diré que son los únicos del mundo que siempre acaban mal o no acaban. Es complicado explicarlo pero lo intentaré.
El caso es que si, por ejemplo, sueño que voy por una calle para ir a un sitio determinado, de pronto la calle se convierte en una desconocida para mí y no acabo de llegar nunca a mi destino, con el desespero que ello comporta. Esta clase de sueño, por cierto, se me repite muchas veces.
No sé cómo se interpretan los sueños. En mi ignorancia, lo primero que se me ocurre es que este sueño quiere decir que estoy perdida y no encuentro mi camino en la vida. ¡Ostras! ¡Qué desastre! Más que nada porque ya hace muchos años que tengo veinte años, como dice la canción de Serrat, o sea, que no es que no haya encontrado el camino, es que ya se me ha pasado el arroz, que no hace falta que siga buscando. Estoy a la deriva. Ahora, que por fuera, quiero decir lo que ven los demás, es que soy adulta, adultísima, que estoy acabando la carrera, familia, marido, hijos, nieta, vaya, que ya he cumplido con mi papel en esta vida.
Bueno, ya está bien de filosofar sobre la vida, la mía, yo lo que quería era hablar de los sueños. El otro día, mejor dicho, la otra noche, soñé que me encontraba en medio de una calle, sola, vestida con un camisón con lunares rojos sobre fondo blanco y nada más, absolutamente nada, ni zapatos, ni bolso, nada de nada. De repente veo venir hacia mí tres hombres vestidos de negro, uno de ellos llorando. Yo me acerco, le abrazo y le consuelo. Adivinando mi situación y como agradecimiento y también, supongo yo, para que me tranquilice, deja de llorar y me dice que no me preocupe, que él es muy rico y tiene una casa grande y maravillosa.
Entramos en un bar. Yo, avergonzada de ir en camisón pero con la esperanza de que aquel hombre, que he de decir que tenía una voz cálida y unos ojos azules que no podía dejar de mirar, me salvara de aquella situación. Pero como es habitual en mis sueños, después de unas copas, me dice que ni es rico ni tiene casa ni nada, y, con una sonrisa llena de ironía, me dice muy bajito: «tú ya sabías que pasaría esto cuando ha empezado el sueño, no deberías sorprenderte». Sólo le faltaba acabar la frase con un je,je,je. Francamente, me desperté enrabiada con el gnomo de los sueños. No había derecho. Ahora que digo esto del «gnomo», me acuerdo de las discusiones que teníamos mi hijo y yo sobre si los gnomos existían o no; yo era partidaria del sí, pero él no lo tenía nada claro.
Yo sí que tenía claro que necesitaba la opinión de alguien que conociera a fondo el tema de la interpretación de los sueños. No sabía por dónde empezar. Podía buscar una vidente, pero no estaba segura de que entre sus poderes se encontrara el de conocer todo este mundo tan basto, misterioso, a veces terrorífico y desconocido para la mayoría de los mortales. También podía comprar libros que trataran sobre la interpretación de los sueños pero sobre este tema, hay para dar y vender. No ha de ser fácil interpretar un sueño, porque hay detalles, como sensaciones, colores o lugares, que pueden hacer que la solución sea diferente. Por último, tuve la idea de visitar un psiquiatra. Confieso que la idea me gustaba bastante: por el mismo precio podría saber lo que querían decir mis sueños y que me diera su opinión sobre mi estado mental, pues empezaba a sospechar que se estaban formando goteras en mi tejado.
Esperé a quedarme sola en casa, porque no quería tener que dar explicaciones sobre el galimatías que hacía días llenaba mi cerebro y cogí con manos temblorosas el volumen de las Páginas Amarillas. Busqué por «médicos», había cantidad de especialidades. De repente la idea de buscar un psiquiatra no me pareció la más acertada. Puede que el problema de humedades en mi terrado no fuera tan grave. Psicólogos, sí, estos especialistas sabrían más del mundo de los sueños y además, lo más seguro es que no me harían hincharme a pastillas.
Psicólogos, sólo había tres. El primero lo descarté porque tenía apellido extranjero y pensé que la conversación no sería todo lo fluida que el tema requería. El segundo vivía en una calle de un barrio elegante de la ciudad, y me pareció que seguramente la minuta se dispararía en el precio, cosa que no podía permitirme. Sólo me quedaba un tal Dr. Morfeo Soñador... ¡La madre que me........! No podía creérmelo. Aquello quería decir algo, aquello era una señal. No lo dudé ni un momento, iría a verlo.
Anoté la dirección y el teléfono en un papel. No pude esperar más, y lo llamé. Después de esperar unos minutos, cuando ya me disponía a colgar, una voz, que me pareció cálida y hasta sensual, dijo: «¿Dígame?». Me extrañó que no contestara «Gabinete de Psicología» o algo parecido.
—Por favor, quisiera pedir hora, me urge bastante, ¿podría ser para mañana?
—Tengo una hora libre mañana a las siete de la tarde. Veo que está un poco nerviosa, hay algo que le preocupa, lo noto, voy a hacerle una sugerencia, procure no faltar.
¡Caramba! Empezaba a analizarme antes de verme. ¿Aquello era una sugerencia o una amenaza? Sólo pude responderle un «sí, de acuerdo», con un tembloroso hilo de voz. ¿Qué queréis que os diga? Empezaba a arrepentirme de haber confirmado la visita. A lo mejor no iría.
Pero llegó el día siguiente. Yo cada vez más nerviosa, tal como había dicho él, pero al mismo tiempo ansiosa de que llegaran las seis de la tarde. Tenía que calcular al menos tres cuartos de hora para llegar a la consulta; se encontraba en el barrio viejo, cosa que, francamente, no me gustaba nada, y menos a aquellas horas. Tuve que coger el metro y después un autobús. La consulta estaba situada en un edificio que no sé cómo calificarlo, si como antiguo o como destartalado, en una calle estrecha donde, se suponía, no entraba nunca el sol. Pensé: «A este psicólogo le convendrían unas cuantas sesiones de terapia donde le enseñaran que el entorno donde se vive también influye en nuestros sueños». Yo no podría vivir en un sitio donde cada mañana no pudiera ver el sol, me invadiría la tristeza.
La consulta estaba en un tercer piso sin ascensor, ¡lo que me faltaba! Cuando llegué arriba, me faltaba el aire, me tuve que parar un instante antes de entrar, para coger aliento; esto lo hacía con los ojos cerrados por el esfuerzo y cuando los abrí, lo vi delante mío plantado y mudo. Casi me da un infarto del susto. Era un hombre moreno, mucho; o había tomado mucho el sol o era de un país del sur.
—Pase, por favor, la estaba esperando. Aquellos ojos... ¿dónde los había visto antes? Y aquella voz tan acariciadora... No lo podía recordar aunque lo intentaba. Hablaba sin acento, no podía saber de dónde era. La consulta estaba en una salita muy acogedora. Una mesa no muy grande llena de papeles y de libros. En un marco en el que debiera tener la foto de su mujer o de sus hijos, había una foto en la que se veían unas nubes de tormenta sobre unas montañas negras. Lo miré de reojo y se me encogió el corazón.
—Usted dirá, porque supongo que ha venido para consultarme algún problema que cree tener en su subsconsciente.
—Sí, la verdad es que mis sueños me alteran mucho. Siempre son negativos, desagradables y la mayoría de las veces terminan mal, y me gustaría saber la causa.
Él me miraba todo el rato con aquellos ojos que me seguían recordando a alguien, ¿dónde los había visto?, y con una sonrisa que me daba la sensación de que no estaba escuchando lo que le estaba diciendo.
—Bien– dijo de repente–. Me gustaría que me explicara alguno de esos sueños, a ver si puedo darle alguna interpretación que la tranquilice un poco. Le expliqué alguno de mis sueños, pero no me atreví a explicarle aquél en el que encontraba aquel hombre llorando, ¡ah! y yo en camisón. Me daba mucha vergüenza, o a lo mejor, inconscientemente, no quería saber la respuesta que me iba a dar aquel psicólogo tan extraño. Cuando acabé de hablar, se levantó y me dijo:
—¿Sabe qué?, veo que está un poco nerviosa. Voy a tratar de tranquilizarla y al mismo tiempo que me coja confianza para que las próximas veces que nos veamos... porque ¿volveremos a vernos, no es cierto?– diciendo esto bajó la intensidad de las luces. Era algo que se notaba que lo había preparado para la ocasión. Puso en marcha un CD de ésos que contienen música para meditar y relajarse. En ese momento, de relajarme nada; lo que me cogió fueron unas ganas de salir corriendo que hizo que me levanta de golpe y le dijera:
—Me parece que no vamos por buen camino, no se qué intenciones tiene usted. Me voy y no trate de impedírmelo. Él, imperturbable, me contestó con esa voz envolvente y cálida:
—Aún no se ha marchado, yo sé que en el fondo se siente bien en mi compañía.
Tenía razón. Por un lado quería salir corriendo y por otro, algo hacía que sintiera atracción por él.
—Le traeré una taza de té o, si lo prefiere, puedo prepararle una copa de cualquier licor que le levante el espíritu.
Me lo imaginaba. Me emborracharía y después, se aprovecharía de mí. Si mi familia, mi marido, mis hijos, supieran dónde estaba yo en aquellos momentos... ¡Dios mío! ¡Cómo había sido tan tonta! Me trajo una copa con véte tú a saber qué brebaje maléfico, y me la puso en la mano... así, no podría defenderme. Algo dentro de mí me decía que mi conducta era la de una persona reprimida, educada en el miedo al pecado con respecto a la sexualidad que no ocurriera dentro de los límites del matrimonio. Seguramente no pasaría nada si me dejaba llevar por la atracción física que ese hombre ejercía sobre mí, pero pudo más mi miedo, dejé la copa en la mesita y me levanté de golpe; no quería darle ninguna oportunidad para que me detuviera. Me dirigí hacia la puerta, pidiendo al cielo que no estuviera cerrada con llave. Él fue tras de mí diciendo:
—No sé qué he hecho para que reaccione de esta manera. No se preocupe, que no le impediré que se vaya.
Cuando decía esas palabras yo ya iba por el segundo piso, pies para qué os quiero, y entonces le oí que gritaba algo que me dejó petrificada, asustada y horrorizada:
—Una cosa quería decirle antes de que se fuera: Los camisones blancos con lunares rojos le favorecen mucho.
¡Ostras! ¡Dios mío! No podía ser. De repente lo entendía todo. Él era el hombre que había visto en mi sueño. Sus ojos, su voz. Era él. Bajé las escaleras a toda velocidad, salí a la calle y seguí corriendo hasta la parada del autobús, que, otra casualidad, allí estaba esperando a que yo subiera. Lo hice como pude porque me temblaban las piernas y me hundí en un asiento. Cuando las piernas dejaron de temblarme, decidí que nunca jamás querría saber el significado de los sueños, al menos, de los míos.