Todo estaba tétrico, en tinieblas, truenos relampagueaban sin cesar; nos castigaban, como si un jinete en el cielo cabalgará y arriara a su caballo sin piedad; pero de pronto, el cielo se despejo emitiendo un dulce canto que resonaba a calma y los astros del reino celestial resplandecieron tanto que mis ojos se entristecieron de felicidad, era una noche que pasaba del terror a la dulzura, y me encontraba en ella gozando de aquel magnifico instante; pero lo hermoso es tentado y mis ojos giraron hacia otro punto de encanto: ¡el bosque!. Desde ese día mi juventud iría desvaneciéndose; era tan eminente aquel lugar, que todas la noches lo observaba y mis días pasaban solo junto a él; pareciese una Julieta contemplando a su Romeo desde una torre encarceladora del amor; la distancia me mitigaba pero me contenía a sumergirme en aquellas profundidades, aquel misterio me acechaba, quería correr hacia ese lugar, pero mi intuición me lo negaba. Después de tantos días de abstenerme, decidí sumergirme en el espesor del bosque; caminando por aquel sendero sentía un frió que congelaba y entumecía mi piel; alternaba pasos lentos y rápidos porque por momentos sentía que algo raro estaba ahí, que me observaba y que quería llevarme a algún lugar, sentía un brisa suave y a la vez su aire ¡pesaba tanto!; marcaba un camino y sin pensarlo seguía, seguía como un loco persigue su fantasía. Continuaba caminando con la brisa que me entundo, pero se disipó y de repente, mis pasos se detuvieron frente a un puente, estaba paralizada, era espeluznante este lugar, el miedo se apodero de mi y la sangre no fluía en mi cuerpo, parecía que llegaba mi fin -verdes hojas que crepitan, entre lo extraño arden, lento matrimonio del viento y el fuego, la vida y la muerte; son huellas equivocas que se transfiguran en cuchillos de sombra para matar las ansias de inmortalidad-; el puente se mecía impulsado por un aura furiosa, y su sonido era poseído por un terror turbulento, que irrumpía en una danza desatada en torno al vacío, el viento aullaba en la quebrada, arrullando las piedras, desborda y lava, se precipita y barre, el insaciable viento que no deja rincón sin penetrar, alcanzando una profundidad misteriosa, que atraviesa el largo y sinuoso entablado del puente, esto hacia que mi piel se erizase y temblara desde la punta de mis pies hasta la punta de mis cabellos, parecía que un imán se apoderaba de mí cuerpo y sin quererlo ya caminaba sobre este, no entendía porque estaba ahí y en mis adentros pedía a gritos que alguien me ayude, que me libre de este encanto mortal, pero como pedía ayuda, si siempre estaba sola, me busque este destino y ya no tenia vuelta atrás, miraba las sombras y las cenizas de los días que fueron flotando en el pasado como en el fondo del camino el polvo de mis peregrinaciones ; espeluznante era no tener posesión de mis sentidos y mi cuerpo, la angustia me mataba y me preguntaba ¿a dónde iba? ¡temblaba! ; finalmente mis pies cesaron de caminar y estaba ya al otro lado, era perfecto, pero misterioso y ahí estaba algo sublime; era un ángel esplendoroso, sus alas eran inmensas, su rostro era como el de una ave tierna y frágil, sus ojos reflejaban luz y su mirada era como la de un gato, manipuladora de sus victimas; este me llamaba y yo sin miedo me acerque a él, aunque pensaba que era algo extraño, ¿un ángel en aquel lugar tan sombrío?, tenia de nuevo temor, de repente este ángel me envolvió en sus alas y me estrecho en ellas desesperadamente, sentía que sus garras apretaban mi cuerpo y que el aire se estaba acabando, yo impulse mi mano compulsivamente hacia este y se alejo un poco de mi y sonrió, no sabia si era un gesto de ternura o de maldad; estaba confundida entre si era lo bueno o lo malo, la belleza o la fealdad, la tristeza o la alegría, lo temporal o intemporal; pero mis confusiones no importaban dejaba que este hiciese conmigo lo que fuera, esa mirada me hechizaba y yo me sentía tan protegida, que el mundo era solo él, este me mecía en sus alas y toda la noche permanecía junto a mi y al despuntar el alba desaparecía; pareciese que el día era muerte; como si fuera un vampiro ¡ amaba la noche, solamente la noche y el día era la perdición !; A la mañana yo me encontraba sola con muchas dudas alrededor de mi cabeza dispuesta a volver una y otra vez con ese maravilloso ser que me daba vida, vida en el delirio, pero a la vez me sentía enferma y débil, parecía que los años que tenia se duplicaran, me sentía vieja, acabada; y solo había pasado noches, noches de verano que me habían consumido ¡esto era extraño!; pero como una enamorada, estaba ciega, totalmente ciega.
Una noche mis ojos empezaron a abrirse y no quise bajar a ese lugar, la lluvia era insaciable y sentía miedo, como un presentimiento, estaba algo en mi corazón que me decía que no; que no debía bajar; pero fui tan necia, que mis ojos se adormecieron otra vez y el delirio por este era fatal. Corrí como si mi vida se fuera acabar, como si fuera la ultima vez que lo iba a ver y otra vez me tenia entre sus brazos, pero ya no sentía la misma ternura, sentía maldad y quise huir, pero el tiempo se me había acabado, ya estaba viejo conmigo y agonizante entre sus brazos, pude ver aquel ángel que no era blanco sino negro, era aterrador; sus alas eran enormes, puntiagudas y quebrantadas, su rostro era infernal, tenia dos cuernos acechadores y su sonrisa ya no era falaz, sino mortal, se acerco a mi, tenia mucho miedo y mil lagrimas salieron de mi rostro, estaba espantada, por fin mis ojos pudieron ver lo que el amor había tapado con tanta magia y belleza, la realidad era distinta, no podía ya hacer nada, los ojos que se abren como el alba y que cerrándose dejan caer la noche me desnudan eternamente en la gran soledad, en la que siempre intente descubrirme, en la que sentí acudir momentáneamente la dicha desde todos los puntos de mi cuerpo, mi alma, que en el tiempo celeste sobre el enigma de su rostro cándido en circulo se cerraba, y desde allí crecía cubierta de sortilegios nocturnos, no soy, no soy, derivo, pesada, porque no me fijas ya en el agua de negros sueños en que se ha tornado bruscamente mi mundo, nuestro mundo, seguido por vanos consuelos solapados en los estigmas funestos de tus abrazos, hacia la nada transcurro, contemplo tu figura de gracia, mientras encuentro en mi deseo un lugar recóndito en el que entramos y al que ninguno de los dos volverá a saber nunca como regresar. Esta vez no podía detener su abrazo y lentamente el aire se estaba escapando de mi y moría......
miércoles, 28 de noviembre de 2007
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