sábado, 17 de noviembre de 2007

EL EXPERIMENTO DEL DOCTOR VOX. Escrito por: Rocanbol.

Martínez se dirigió al baño de la confitería. Al pasar por detrás de una de las mesas una señora rubia le pidió que abriera la ventana.
-¡Ábrala usted! –le dijo Martínez con bronca.
En el baño se le mezcló la furia con truenos y asuntos de grifería demasiado tiempo postergados. Pensó que la mujer lo había confundido con uno de los mozos por la camisa blanca.
Al salir lanzó una mirada sobre la rubia: estaba echada sobre la mesa, como si hubiera perdido el aliento. Aunque soplaba una ventisca nerviosa, abrió la ventana y se fue a sentar a su mesa.
Desde allí observó como la rubia caía al piso por la fuerza de una ráfaga de viento. Sintiéndose a la vez culpable y responsable, dudó por unos instantes. Para no involucrarse llamó al mozo.
-Descuide, es la muñeca inflable del doctor Vox.
-¿La muñeca inflable? ¡Pero si a mí me habló!
-¿Le habló, eh? Permítame que anote –dijo el mozo y extrajo una libreta en la que hizo un apunte.
-¿De qué se trata todo esto? –preguntó Martínez asustado.
El mozo, comprendiendo la molestia del parroquiano, explicó:
-Es un experimento del doctor Vox.
-¿El doctor Vox? ¿Un experimento?
-Fíjese, el catorce por ciento de los hombres que entran a la confitería dicen que la muñeca les habló.
Martínez se sintió mal. Pidió un cognac.
El mozo volvió con el trago y le dijo, para calmarlo:
-Descuide, el propio doctor Vox dice que la escuchó hablarle.
-¿El doctor Vox?
-Sí, cuando la vio en una tienda, antes de comprarla.
-¿Y cuál es el experimento del doctor Vox?
El mozo se encogió de hombros y comentó:
-No sé muy bien. Creo que el doctor Vox quiere probar que no está del todo loco, o que no es el único loco que anda suelto.
Martínez, espantado, protestó:
-¿Cómo puede ser que una confitería tradicional de Buenos Aires haya caído tan bajo, haya aceptado un arreglo semejante con ese doctor Vox?
El mozo sonrió con aire de complicidad y explicó:
-Lo que pasa es que el dueño de la confitería es aficionado al espiritismo, el magnetismo y otras cosas raras. Cree que la muñeca está poseída por un demonio o algo así, y como es amigo de Vox, le pidió que la trajera para probarle que no está loco, que es un problema de las fuerzas del más allá.
-¡Acá sí que están todos locos!
El mozo movió la cabeza considerando esas palabras; estaba relativamente de acuerdo con Martínez:
-¡Si supiera cuántos de los parroquianos de este inmenso salón son muñecos inflables, se sorprendería! Ninguno de ellos le ha hablado a nadie. Esa es la otra parte del experimento. Aunque usted no lo crea, esa muñeca es algo especial. El doctor Vox pronto va a pasar a la fase final de la experiencia.
-¿La fase final?
-La va a desinflar...
-¿Y por qué no lo hizo antes?
-Está esperando que pierda más aire por sí sola.
-¿Qué pierda aire?
-Claro, figúrese que cada vez que le habla a un parroquiano exhala una porción de aire de su interior. Usted es el número setenta y seis en el experimento. En unos pocos días desinflarla va a ser un simple juego de niños. Sólo es cosa de diez o doce días más, señor.

Seudónimo: Rocanbol

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