Julio Milan, director del periódico "Ciudad libertaria", era un hombre despótico y sin escrúpulos. Nunca le importó pisotear y destruir a todo aquel que le estorbara para conseguir su flamante cargo. Dicen que en su trabajo era el mejor. Conocía los trapos sucios de muchas personalidades y no le importaba lo más mínimo publicarlos, aún sabiendo que tales publicaciones podían desencadenar auténticos dramas familiares. Para él, lo único verdaderamente importante era el incremento del número de lectores, y todo lo demás sobraba.
La mañana del 16 de Mayo de 2007, una llamada telefónica despertó el interés del señor Milán. En dicha llamada le comunicaban el extraño caso del reportero de National Geographic, Peter Wood. Éste había sido encontrado en pleno centro de Lisboa en un estado lamentable, desvariando y desorientado totalmente. Al parecer, el señor Wood iba vestido con su atuendo de explorador. Estaba muy sucio y tremendamente asustado, y se lo habían llevado al hospital para hacerle un reconocimiento médico.
Julio Milán envió al corresponsal que tenían en Lisboa para que investigase sobre el caso de Peter Wood. Seis horas más tarde el señor Milán recibió un fax proveniente del corresponsal luso con el siguiente contenido: Señor Milán, a continuación le relataré la extraordinaria historia que el famoso reportero de National Geographic, Peter Wood, me ha proporcionado. Es posible que sea fruto del delirio, o tal vez, probablemente se haya vuelto loco, pero lo que está claro es que la última vez que telefoneó se encontraba en Borneo y dos minutos más tarde, su móvil y él, estaban en Lisboa. He de decirle que el único comunicado informativo que ha dado ha sido a mí, es decir, ni siquiera National Geographic sabe nada de lo ocurrido. Parece ser que el reportero Peter Wood, acompañado de otros cuatro periodistas acreditados, se encontraban realizando un reportaje sobre Borneo, uno de los lugares más inhóspitos y desconocidos del planeta. Tras varios meses de búsqueda, consiguieron llegar hasta un lugar que los nativos llaman "La puerta de los dioses", lugar que hasta ahora se creía mitológico. El guía que les acompañaba se negó a adentrarse en esa misteriosa parte de la selva, y esto implicó que tuvieran que seguir el viaje solos, ignorando el peligro de perderse y el riesgo que ello representaba.
Según Peter Wood, llegaron a un lugar muy extraño, construido con materiales desconocidos en nuestra civilización, y con una arquitectura demasiado inteligente para que la hubieran realizado unos nativos. Poco después eran capturados por unos hombres de raza negra, pero con el cuerpo totalmente pintado con símbolos y caracteres parecidos a los de un alfabeto desconocido.
Peter observó horrorizado como sus cuatro compañeros, uno a uno, eran despedazados y servidos como alimento para estos caníbales. En su festín, aquellos incivilizados bailaban sin parar alrededor de una cueva, mientras destruían todo el material gráfico y sonoro que poseían.
Cuando llegó el turno de Peter, tras un forcejeo, éste consiguió soltarse de los dos caníbales que le sujetaban, y en una carrera desesperada penetró en la cueva como último recurso de supervivencia.
Una vez dentro de la cueva, observó con satisfacción que los caníbales no se internaban a buscarle. El interior de la cueva era ciertamente misterioso. Según el reportero, parecía el interior de una nave espacial, con una maquinaria muy sofisticada y en nada parecida a la que acostumbraba a ver. Sobre una especie de mesa circular de tamaño enorme, se encontraban dos pergaminos o algo parecido, hechos de un material desconocido para él; material orgánico que aparentaba tener vida propia. Al desplegarlos, comprobó que eran una especie de coordenadas. Uno de ellos parecía representar el firmamento y el otro, el globo terráqueo. Peter cogió el pergamino que representaba el globo terráqueo y acercó su dedo índice hasta tocar una de las coordenadas al azar. Esta coordenada representaba a Portugal y según él, tras unos cuantos segundos, su cuerpo apareció inexplicablemente en Lisboa.
El pergamino se encuentra en su poder, pero no quiere desprenderse de él bajo ningún concepto. Cree que aquella cueva no es de este mundo, y que aquellos enigmáticos pergaminos están construidos por una mente muy superior a la de nuestros más insignes científicos. Sí existe el teletransporte, su secreto se encuentra allí. He podido constatar que la ropa de Peter aún tiene hierbas y restos de plantas que en Portugal no existen.
Ésta es toda la información que poseo sobre el caso, y sé que soy la única persona que he podido hablar con él, ya que los médicos no han dejado pasar a ningún otro reportero. Según Peter, tampoco ha hecho ninguna declaración de lo sucedido a los médicos.
El señor Milán conocía varios reportajes realizados por Peter Wood, y algunos de ellos estaban considerados como auténticas obras de arte. Aunque la narración de Peter era ciertamente increíble, Julio Milán sabía que si de alguna forma aquel pergamino existía, y Peter lo conservaba, sencillamente su vida daría un giro de 360 grados, para convertirse en el hombre más poderoso del mundo, vendiéndolo al mejor postor.
El ambicioso director había oído hablar de puertas astrales ¿Y si Peter hubiera descubierto una de esas puertas?, o tal vez, ¿ y si aquello que había en esa remota zona eran los restos de una nave o de una antigua colonia extraterrestre?
Julio destruyó el Fax y partió hacia Lisboa en un Jet privado con la intención de apoderarse del pergamino. Una vez en el hospital, éste se introdujo en la habitación de Peter aprovechando el descuido de uno de los celadores. Ya dentro, realizó con su móvil una llamada telefónica a Lorenzo Barroso, un mafioso con el que entablaba una amistad evidentemente de conveniencia, ya que ambos se ayudaban mutuamente en asuntos turbios. Julio le dio los datos necesarios para acabar con la vida de su corresponsal en Lisboa, además de los de Peter Wood. Especificó al mafioso que tan delicado trabajo tendría que ser cuanto antes, a ser posible, en ese mismo día. Para Lorenzo Barroso eso no sería problema, ya que tenía asesinos a sueldo repartidos por todo el mundo. Asesinados el corresponsal portugués y el reportero Wood, nadie sospecharía del origen del pergamino. Julio buscó entre las pertenencias de Peter y por fin encontró el pergamino, lo desplegó y efectivamente aparecían unas coordenadas. El señor Milán, eufórico por la extrañeza de aquel material que podría hacerlo inmensamente multimillonario, tocó por curiosidad el punto que reprentaba el centro del pergamino; quería saber si el misterioso pergamino produciría algún efecto en su cuerpo o en cambio, todo había sido una gran locura del enfermo Peter. Nada más tocarlo, el entorno físico de Julio comenzó a cambiar en cuestión de segundos. Aquella habitación del hospital comenzaba a transformarse como si se tratara de algún material parecido a gaseoso. Las paredes blancas se tornaban en un negro profundo que daba paso a la imagen de una asombrosa cueva. Con una sensación de nauseas y con un cansancio físico extraordinario, se encontraba tumbado en un lugar totalmente desconocido para él. Aturdido y completamente impresionado por tan extraño suceso, comenzó a tener un ataque de pánico y quiso huir de allí. Una vez que llegó a la puerta de la cueva, fue capturado por unos nativos hambrientos; le quitaron el pergamino, y uno de ellos, seguramente el jefe de la tribu, lo colocó nuevamente en la mesa circular. Después le quitaron su lujoso traje y le desnudaron totalmente. Los caníbales dieron comienzo a un nuevo banquete.
Al día siguiente, en los diarios de todo el mundo aparecía la siguiente noticia: “Asesinados en un hospital portugués un reportero de National Geographic y el corresponsal portugués del diario "Ciudad Libertaria". Curiosamente también ha desaparecido el director del prestigioso diario antes nombrado, el señor Julio Milán. Testigos afirman haberlo visto por última vez en este hospital, por lo cual no se descarta que su desaparición esté relacionada con los dos asesinatos”.
National Geographic envió nuevos reporteros a Borneo, con la misión de encontrar a los cuatro periodistas desaparecidos que acompañaron al malogrado Peter Wood, además de todo su equipo técnico. La búsqueda no dio resultados, y nuevas expediciones saldrán en el futuro con la intención de desentrañar el desenlace de los periodistas.
La policía cerró el caso tras varios años de investigación y concluyó con el siguiente informe: “Peter Wood, reportero de National Geographic, Luis Simon, corresponsal en Lisboa de “Ciudad Libertaria” y Julio Milán, director del diario “Ciudad Libertaria”, asesinados por la Mafia. El cuerpo de Julio Milán nunca fue encontrado. El motivo de los crímenes se cree relacionado con un posible ajuste de cuentas por la detención de varios mafiosos en Portugal”.Hasta el día de hoy, nadie más ha oído hablar de la leyenda de la puerta de los dioses, en Borneo.
miércoles, 21 de noviembre de 2007
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