viernes, 23 de noviembre de 2007

CARRUSEL DE OTOÑO. Escrito por: El Rivers

Esta es la historia de “Bertulfo” alguien a quien aparentemente la vida no le enseño mucho, un Viejo de corazón y ya casi de razón, para el que los días no eran más que un espejismo y el tiempo; su vil reflejo.
Una mañana de otoño no muy particular, no muy diferente a las insípidas mañanas que deja el verano al marcharse casi declamando la avasallante llegada del invierno. se levanto de su lecho: cuatro paredes rodeaban sus únicas pertenencias; un viejo buró, una improvisada estufa de leña, un pequeño radio, un par de libros de antaño, su no muy cómoda cama, y por supuesto su maltrecha existencia, con la que conformemente discutía todos los días desde que decidió no ser nadie, desde que sus sueños se congelaron para darle paso a una vida ensimismada y simple, ¡ya casi ni lo recordaba¡ por que fue hace tanto tiempo cuando sus padres murieron en un accidente aéreo, y la poca familia que tenia acabo robándole todo lo que por ser hijo único le correspondía, que sublevo su corazón contra Dios y la vida y negó toda posibilidad de levantarse y hacer de su mísera vida un destino mejor.
Esa mañana parecía la misma de siempre, despertó con el murmullo incesante de su destartalado radio con el que acostumbraba a conciliar el sueño, remembrando viejas épocas al lado de sus padres, que traían a su mente algunas melodías ya casi propias. Pensaba en el nuevo día y en los muchos que tal vez sin sentido vendrían para el, con un sentimiento extraño de inseguridad y un sabor amargo en la boca, algo que nunca antes había experimentado, pero que le decía que ese día algo diferente traería, se puso de pie aquello era un extraño preludio que luego entendería. Al pasar frente a un espejo se quedo plantado y con una mirada profunda e inicua, detallaba casi sin creerlo la vejez de su rostro, ¿hace cuanto no me miraba en un espejo? Dijo para si, ¿acaso puede ser verdad? ¿Tanto tiempo ha pasado?, su mente se inundo de incógnitas y su decadente cuerpo por poco cae, recordó entonces allí de pie, aquellos años que para cualquier persona suelen ser el sol de la vida, el comienzo de un muy largo final, ¡la juventud¡, cuando paso por tantos hogares sustitutos o plásticos como los llamaba el, incluyendo el de sus tíos, de donde huyo a los 17 años debido a los malos tratos que recibía, recordó cuando tuvo edad de independizarse y recibió la pensión que sus padres le dejaron, pero que solo hasta ser mayor de edad podía reclamar, cuando compro esa antigua cabaña en la que vive y se entrego a las drogas y el alcohol, a los amigos y al libertinaje, al mundo que lo llevo a lo que hoy veía en el espejo, cuando se alejo de todo y de cualquier posibilidad de sentir, Cuando los años empezaron a comérselo literalmente. ¿Que edad tengo? Se pregunto, Tal vez ¿sesenta? ¿Setenta años?, consternado Volvió a su cama, aquella en la que sumergió toda posibilidad de reaccionar, de recuperar los días, las noches, las lunas perdidas y los pasos errados. Se sentó casi a punto de llorar, convencido de que la retórica vida le estaba mostrando por ultima vez, lo que nunca quiso ni hubiera querido ver, lo destrozaba el hecho de darse cuenta que ya para el no había tiempo, que las ilusiones y sueños que tuvo alguna vez quizás se irían con el a la tumba, que aunque le pidiera a Dios y a la misma vida que desecho alguna vez, una segunda oportunidad, era imposible.
Y de un extraño impulso Tomo su abrigo y salio corriendo como alma que lleva el diablo, por el ya casi borrado camino que de su cabaña conducía al bosque, el impacto de verse tan viejo y acabado estando casi seguro de haber mantenido siempre la noción del tiempo, lo sumergió en un deseo indescriptible de huir, de correr y tragarse a la fuerza el aire puro del cual se privo toda la vida. Pero al poco tiempo su cansado cuerpo no respondió mas a los impulsos frenéticos de correr, fulminantemente cayo al suelo amortiguado por una capa de hojas secas que recibieron su peso, el peso que llevaba su cuerpo agitado y el de su corazón sin esperanza. Se sumergió en lo que parecía ser su último sueño, este que contrastaba con su inconciencia y su dificultoso respirar. Su mente viajo a los incomparables días de alegría y entusiasmo al lado de sus padres, volvió a verlos, a oírlos, a sentirlos, pero a diferencia de los vagos recuerdos y translucidaciones que paria en su vieja cama, esta vez era más que real, se dejo caer en los brazos de su padre y llorando le preguntaba por que nunca lo guiaron desde el cielo, por que permitieron que su vida pasara cual viento árido en el desierto, porque no cumplieron la promesa que siempre le habían hecho, esa canción que le cantaba cuando era niño en la que prometía corregirlo cuando estuviera actuando mal, y premiarlo cuando se destacara, ¿porque? ¿Porque No tengo derecho a una segunda oportunidad? Le preguntaba una y otra vez. y mientras su cuerpo físico luchaba por continuar viviendo, vio a su madre sentada en un lago bifurcado como el cielo de aquel otoño, conservaba aun la dulce y tierna belleza que el recordaba y al acercarse se dejo caer en sus brazos, ella rodeando su cuerpo pesado y arrugado que era notoriamente incomparable con el de aquel joven que vio por ultima vez ese lluvioso sábado de otoño en el que partió para nunca mas volver, musito: voy a responder a tus preguntas, y muy serenamente le dijo: La vida es un carrusel que casi nunca se detiene, algunas veces va mas rápido de lo que esperamos y algunas veces al tratar de bajarnos salimos despedidos sin rumbo, pero cada quien es dueño del puesto que ocupa en el, y si lo desea puede hacer de el un viaje inolvidable, aunque ya no cabalgues con la gente que alguna vez amaste, eso solo depende de ti. Entonces le dio el más caluroso beso que jamás hubiese recibido; y diluyéndose en el lago le dijo: tienes esa segunda oportunidad que querías, has de nuestra ausencia un motivo para luchar, nosotros siempre estaremos contigo.
Ahora despierta.
Y de un momento a otro Bertulfo abrió los ojos y sintió el mismo deseo de salir corriendo, de cuando estaba en su cabaña. Abrió los ojos y se dio cuenta que había Despertado, pero en la misma cama en la que se había quedado dormido la noche del funeral de sus padres, con el mismo extraño sabor en la boca y entendiendo del todo su preludio; con dieciséis años cuatro meses y siete días de edad, supo entonces que todo aquello mas que un sueño había sido la salvación que sus padres le habían regalado, al oírlo gritar frente a sus ataúdes esa noche, que su vida terminaba con ellos.

3 comentarios:

Unknown dijo...

BUENO..PUES ME PARECE MUY SUTIL Y POETICO..ME LLEGO MUCHO ESTE CUENTO ...EN HORABUENA

Carlos Andres dijo...

muy bueno...

Unknown dijo...

sasnajlsdjasndjs